Data centers: la oportunidad de la IA y por qué el sur argentino gana protagonismo
Con solo 32 MW instalados frente a los 800 MW de Brasil, la Argentina busca captar inversiones en centros de datos impulsados por inteligencia artificial. El corredor patagónico, Bahía Blanca y Neuquén destacan por energía abundante y clima favorable.
La inteligencia artificial está redefiniendo dónde se procesan los datos en el mundo. Detrás de cada modelo de IA, aplicación o servicio digital se necesita una infraestructura que consume enormes cantidades de energía, conectividad y capacidad de cómputo. En ese contexto, la Argentina tiene una oportunidad concreta, aunque parte varios pasos atrás de sus vecinos regionales.
La capacidad actual instalada de centros de datos en el país se estima en apenas 32 MW, según un informe de Cushman & Wakefield. Para comparar, Brasil cuenta con 800 MW y Chile con 260 MW. Esta brecha refleja un estancamiento local en un momento en que Latinoamérica creció casi 40% en infraestructura de datos en el último año.
“El mercado local está estancado no por falta de recursos ni de talento, sino por la falta de previsibilidad y de decisiones de inversión a largo plazo”, señaló Lucas Desalvo, Broker Senior del sector Industrial y Logístico de Cushman & Wakefield.
Hasta hace poco, la ubicación de un data center se definía por la cercanía a los usuarios. Con la nube y ahora con la IA, eso cambió. Los modelos de inteligencia artificial requieren potencias masivas para entrenamiento e inferencia, lo que hace inviable instalarse cerca de grandes ciudades. Hoy la localización prioriza donde hay energía abundante y clima que ayude al enfriamiento eficiente.
Eso pone en el mapa al corredor patagónico, Bahía Blanca y Neuquén. Estas zonas combinan generación energética cercana (como Vaca Muerta), mejores condiciones climáticas y disponibilidad de terrenos, factores clave para inversores que buscan alternativas en la región.
Según los especialistas, el desarrollo de esta infraestructura se sostiene en un triángulo: suministro de energía confiable, conectividad de alta velocidad e infraestructura física resiliente. Nicolás Estefanell, CTA de Kyndryl Argentina y Presidente de ASHRAE Argentina, enfatizó la necesidad de un enfoque colaborativo entre sector privado y público.
Hoy más del 90% de la capacidad de cómputo que usan empresas y organismos argentinos se procesa en el exterior. Sectores como petróleo y fintech pierden soberanía de datos, un riesgo estratégico frente a disrupciones globales. El problema no es solo generar energía, sino transportarla y conectarla donde se necesita.
Los data centers demandan energía 24 horas, y los proyectos grandes pueden requerir decenas o cientos de megavatios. Una zona que resuelva generación, transporte, fibra óptica, terrenos y reglas claras se convierte en polo atractivo.
En este nuevo escenario, las grandes ciudades siguen siendo importantes para servicios de baja latencia. Pero las instalaciones de escala se mudan hacia donde hay energía barata y clima favorable. Los inversores analizan primero países, luego regiones y después sitios específicos.
Los hiperescaladores (grandes tecnológicas) juegan un rol clave como clientes ancla. Sus contratos de largo plazo dan previsibilidad y respaldo crediticio para financiar obras. El modelo de negocio se fragmentó: ahora hay desarrolladores, fondos, operadores y clientes tecnológicos que se complementan.
Una fortaleza argentina es el capital humano. “La calidad de los recursos humanos, la formación técnica y la capacidad de gestión bilingüe representan un valor diferencial”, destacó Desalvo. En otros países de la región cuesta conseguir personal capacitado para operar infraestructuras críticas.
Las inversiones son de largo plazo y alta intensidad de capital. La importación de equipamiento tiene fuerte incidencia impositiva, por eso regímenes como Zonas Francas o incentivos impositivos son clave. Brasil ya avanzó con un régimen específico y Chile tiene su Plan Nacional de Data Centers 2024-2030. Argentina cuenta con el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y el proyecto de Súper RIGI, que podría ampliar beneficios, además del régimen de Zonas Francas.
“El diálogo continuo entre los sectores público y privado es clave para fomentar marcos regulatorios que promuevan la inversión a largo plazo”, afirmó Estefanell.
La oportunidad sigue abierta, pero el tiempo importa. Cuanto más se demore en generar condiciones y concretar los primeros proyectos, mayor será la brecha con Brasil y Chile. No es “ahora o nunca”, porque la demanda global de IA seguirá creciendo, pero el timing definirá cuánto puede capturar la Argentina.
¿Qué significa esto para tu bolsillo y para el país? Si se concretan inversiones, pueden llegar empleo calificado, divisas y un salto en soberanía digital. Para las empresas locales, significaría procesar datos aquí con menor dependencia externa y potencialmente a menor costo a largo plazo. El sur argentino, con su energía y clima, tiene chances reales de convertirse en un jugador relevante si se alinean las reglas y las inversiones.