Economía

El que quiera la tecnología que la pague: contrapunto entre dos CEOs del agro por el cobro de semillas

Ignacio Bartolomé, de GDM, defendió el cobro directo por innovación tecnológica en semillas. Alejandro Elsztain, de Cresud, pidió que el aumento de costos se aplique de forma gradual para no golpear al productor.

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El que quiera la tecnología que la pague: contrapunto entre dos CEOs del agro por el cobro de semillas
La Nacion

En el marco del Forum Nacional de Agronegocios organizado por LIDE Argentina, dos referentes del sector expusieron visiones opuestas sobre cómo cobrar la propiedad intelectual de las semillas con tecnología.

Ignacio Bartolomé, CEO de GDM, fue claro y directo: “El que quiera la tecnología que la pague”. Defendió un nuevo esquema que busca cobrar de manera explícita por la innovación genética incorporada en las semillas, argumentando que es la forma de sostener la inversión en investigación y desarrollo que el campo argentino necesita para seguir siendo competitivo.

Por el contrario, Alejandro Elsztain, CEO de Cresud, planteó un contrapunto que sorprendió a más de uno. Si bien reconoció la necesidad de retribuir la innovación, advirtió que incorporar ese costo de golpe puede generar un impacto fuerte en el margen del productor. Propuso que el proceso sea gradual, para dar tiempo al sistema productivo a absorber el nuevo esquema sin comprometer la rentabilidad.

El debate se dio en un contexto donde la propiedad intelectual en semillas se ha vuelto un tema central. Argentina es uno de los principales exportadores de granos del mundo, pero la discusión sobre cómo financiar la biotecnología que permite mayores rindes, resistencia a plagas y adaptación al clima sigue abierta.

En números

Según datos del sector, el uso de semillas con tecnología de última generación representa una parte significativa del costo de siembra. Un aumento en el valor de esas semillas impacta directamente en el costo por hectárea, especialmente en cultivos como soja, maíz y trigo, que son la base de la cadena agroindustrial argentina.

Para el productor que hoy tiene que decidir a cuánto va a vender su producción y cómo va a cubrir sus insumos, este debate no es teórico. Se traduce en más o menos plata en la cuenta al momento de comprar el insumo clave para la próxima campaña.

Bartolomé sostuvo que sin un mecanismo claro de cobro por la propiedad intelectual, las empresas que invierten en investigación van a tener menos incentivos para traer o desarrollar nuevas tecnologías. “Es un modelo que ya funciona en otros países y que permite seguir avanzando”, señaló en su exposición.

Elsztain, desde su rol como gran productor y empresario, puso el foco en la realidad del mostrador: los márgenes ya están ajustados por los costos de flete, fertilizantes, fitosanitarios y la presión impositiva. Incorporar un nuevo costo de manera abrupta, dijo, puede desincentivar la adopción de tecnología en lugar de fomentarla.

¿Qué significa esto para el bolsillo del productor?

Traducido, si el esquema que defiende Bartolomé se implementa de forma plena, el costo de la bolsa de semilla con tecnología podría subir entre un 15% y 30% según estimaciones del sector. Eso, en una hectárea de soja, representa varios miles de pesos adicionales que el productor debe financiar o restar de su margen bruto.

El gradualismo que propone Elsztain buscaría repartir ese aumento en dos o tres campañas, dando tiempo a que los precios de los granos acompañen y a que el productor ajuste su estructura de costos.

El contrapunto deja en evidencia una tensión clásica del agro argentino: cómo equilibrar la necesidad de invertir en innovación con la realidad de un productor que compite en un mercado global de precios volátiles y con altos costos internos.

Ambos ejecutivos coincidieron en que la tecnología es clave para seguir aumentando la productividad, pero difirieron fuertemente en el “cómo” financiar esa tecnología. El debate recién comienza y seguramente se va a replicar en las próximas semanas en distintas reuniones del sector.

Para el que tiene que tomar decisiones de siembra en los próximos meses, el mensaje es claro: hay que seguir de cerca cómo evoluciona esta discusión porque va a impactar directo en el costo de producción de la campaña 2026/2027.

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