Economía

Empleo estancado y sectores en serrucho: ¿la macro va bien pero la micro no reacciona?

Los datos del SIPA muestran destrucción neta de empleo asalariado privado registrado en lo que va del año. Sectores como minería y energía crecen fuerte, pero comercio e industria se contraen y explican la falta de rebote en el consumo y el empleo.

Publicado el 18 de agosto de 2026, 22:05 hs

Brotes verdes con serrucho: qué pasa en industria, construcción y comercio

Los últimos números del SIPA confirman lo que muchos comerciantes vienen sintiendo en la caja desde hace meses: el empleo asalariado privado registrado no levanta cabeza. En mayo se perdieron 9.000 puestos respecto de abril y la caída acumulada desde noviembre de 2023 supera los 241.000 empleos de calidad.

Entre diciembre de 2023 y julio de 2024, después de la devaluación inicial, se destruyeron casi 140.000 puestos. Luego, entre agosto de 2024 y mayo de 2025, en la fase de reactivación, se recuperaron solo 35.000. En el último año la tendencia volvió a ser negativa: otros 135.000 empleos menos.

El EMAE (Estimador Mensual de Actividad Económica) en mayo estaba apenas 0,2% por encima del mismo mes de 2025. Es un estancamiento con ganadores y perdedores muy marcados. Minería vuela con +15,7%, energía crece 8% y el agro acompaña. En cambio, comercio cayó 4,3% e industria 5,6%.

Esta disparidad alimentó el relato de que hay una “nueva economía” donde los sectores que generan dólares (minería, energía, agro) representan solo el 8% del empleo total, mientras que los que más mano de obra demandan (comercio, industria, construcción) explican casi el 40% y son intensivos en importaciones.

Fernando Moiguer, en un informe para la Fundación Pensar, lo describe como una reconfiguración productiva del país. El eje patagónico (Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz) y el cordillerano minero (San Juan, Catamarca, Salta, Jujuy) ganan peso, mientras el corredor central tradicional (AMBA, Rosario, Córdoba, Mendoza) se reconfigura.

La gestión Milei atravesó cuatro fases bien diferenciadas si se toma noviembre de 2023 como base 100. El EMAE cayó a 96,2 en abril de 2024 (-3,8%). Luego subió 8,8% hasta febrero de 2025 (fase del “buzo”). Entre febrero y noviembre de 2025 bajó 0,6% por la corrida electoral y las tasas altas. En diciembre pegó un salto por la cosecha de trigo excepcional y desde entonces la economía se mueve en serrucho: en mayo 2026 estaba 1,5% por debajo de diciembre pero 1,7% arriba del primer quinquimestre del año pasado.

En este contexto, la informalidad actúa como amortiguador. Empresas y familias sobreviven con menor demanda, tipo de cambio alto, impuestos elevados, tasas de interés que siguen caras y tarifas indexadas. La inflación de julio fue 2,1% y la canasta básica de alimentos subió 2,6%.

El crédito privado, que fue motor en la fase 2, sigue planchado. La mora en familias está en récord y los bancos cobran tasas altas por temor a que en 2027 se repita el salto de tasas de fondeo por encima del 100%. El Banco Central acumuló más de u$s 13.500 millones en reservas, pero el Tesoro esterilizó los pesos colocando deuda por encima de los vencimientos. No hay más circulante para empujar consumo.

El Gobierno resiste flexibilizar encajes o bajar la integración de títulos públicos para que los bancos presten más al sector privado. La prioridad sigue siendo la desinflación y la estabilidad cambiaria. El dólar se mantuvo anclado cerca de los $1.500 tras la suba del 5% en junio, racionando compras y ampliando coberturas.

Caputo salió del piloto automático y anunció la flexibilización de créditos en dólares para “ayudar a la reactivación”. Los argentinos compran unos u$s 2.000 millones por mes: un tercio se va en gastos con tarjeta en el exterior, un tercio queda en depósitos bancarios y el resto en colchón. Los depósitos en dólares ya superan los u$s 40.330 millones y los préstamos alcanzan u$s 24.200 millones (60% del total).

El ministro aspira a que los bancos lleguen a prestar el 75% de esos depósitos (como era el encaje histórico del 25%), lo que liberaría unos u$s 5.800 millones adicionales para desarrolladores inmobiliarios, automotrices y otras empresas no exportadoras.

Guido Sandleris y Hernán Lacunza advirtieron sobre el riesgo de descalce de monedas que podría convertir riesgo cambiario en riesgo bancario. Otros analistas creen que, con las restricciones prudenciales que se mantienen, el impacto real será limitado.

¿Qué significa esto para tu bolsillo?

Si tenés un comercio o trabajás en industria, el parate de ventas y la falta de crédito siguen siendo el principal problema. El superávit comercial convive con un mercado interno débil y empleo que no repunta. La macro muestra números ordenados, pero la micro –la que se siente en el mostrador de Once o en la fábrica de Córdoba– todavía espera la reactivación que no termina de llegar.

Tras el resultado legislativo, el Gobierno busca acuerdos políticos amplios con el PRO, gobernadores y aliados de cara a 2027. En un país donde la incertidumbre electoral ya se percibe temprano, esa estabilidad política puede terminar siendo tan importante como las reservas acumuladas para destrabar la economía real.

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