Por qué baja el petróleo pero la nafta y el gasoil siguen caros en Argentina
El barril de crudo cayó fuerte en las últimas semanas, pero en los surtidores los precios se mantienen altos. Qué explica este cuello de botella y qué puede pasar con los combustibles.
El precio internacional del petróleo cayó más de 15% en lo que va de julio y agosto de 2026, pero en las estaciones de servicio de la Argentina la nafta y el gasoil casi no se movieron. Para el que llena el tanque cada semana, esto se traduce en un golpe al bolsillo que no afloja.
En números: el barril de Brent, la referencia global, bajó de u$s 85 a u$s 72 en las últimas cuatro semanas. En el mismo período, el litro de nafta súper en la Ciudad de Buenos Aires se mantuvo en torno a los $1.450, con variaciones menores de menos del 2%. El gasoil siguió la misma lógica.
¿Qué significa esto para tu bolsillo? Si usás el auto para ir al laburo y gastás 200 litros por mes, seguís pagando casi $290.000 solo de combustible. Hace un año, con el mismo consumo, hubieras gastado 40% menos.
El cuello de botella tiene varios componentes. Primero, el tipo de cambio: las petroleras compran dólares al oficial o al MEP para importar insumos y pagar compromisos. Ese dólar no bajó al mismo ritmo que el crudo. Segundo, los impuestos: el Impuesto a los Combustibles y el IVA representan casi el 50% del precio final. Esos montos fijos o indexados no se ajustan hacia abajo con la misma velocidad.
Tercero, la estructura de costos local. Refinar petróleo en el país tiene gastos en pesos que suben por inflación: salarios, transporte, mantenimiento. Y las empresas (YPF, Shell, Puma) ajustan sus precios con prudencia para no perder margen en un mercado donde la demanda sigue deprimida.
"El precio de la nafta en surtidor refleja más los costos internos y la paridad de importación que el valor del barril crudo", explica un analista del sector que pidió no ser nombrado. En la práctica, cuando el crudo sube, el impacto es rápido. Cuando baja, las empresas demoran el traslado para recuperar rentabilidad.
Para ponerlo en contexto: en los últimos doce meses el petróleo acumula una baja de casi 10%, pero los combustibles en Argentina subieron 48% en el mismo período, según datos de las cámaras del sector y el INDEC.
Desde el lado del comerciante o del autónomo que usa la camioneta todos los días, esto se siente como una doble presión: los costos operativos no bajan y los clientes cada vez compran menos. Varios dueños de delivery y remises consultados coinciden en que ya están eligiendo rutas más cortas o directamente dejando el vehículo parado algunos días.
¿Qué puede pasar de acá en adelante? Si el petróleo se mantiene por debajo de u$s 75 y el dólar no salta, los analistas del mercado estiman que podría haber una baja de entre 4% y 7% en los precios de los surtidores hacia fines de agosto o septiembre. Pero nadie lo da por seguro: depende de cómo se mueva el tipo de cambio y de las decisiones de YPF, que marca la tendencia en el mercado local.
Mientras tanto, el consejo práctico para el bolsillo es el de siempre: comparar precios entre estaciones (las apps ayudan), mantener las cubiertas calibradas y evitar aceleradas bruscas. Pequeños cambios que, con estos valores, terminan haciendo una diferencia de varios miles de pesos por mes.
El dato clave es que la nafta sigue funcionando como un impuesto encubierto al consumo y la producción. Mientras el crudo global regale una oportunidad de alivio, el traslado a precios locales sigue siendo lento y parcial. Para el que tiene que remarcar precios el lunes o pagar la cuota del auto, eso se traduce en menos resto a fin de mes.