Economía

Por qué la estabilización de Milei no alcanza y el riesgo que ve un ex Banco Central de Chile en el dólar

José De Gregorio reconoció avances en el ajuste fiscal pero advirtió sobre el atraso cambiario, la falta de acuerdos políticos de largo plazo y los riesgos de una eventual explosión del tipo de cambio.

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Indicador abstracto de riesgo país sobre un mapa de Argentina
(CC BY 4.0 — libre difusión con atribución a Q Company)

El expresidente del Banco Central de Chile, José De Gregorio, reconoció avances en el programa de estabilización de la Argentina pero advirtió que todavía falta mucho para consolidarlo. En una entrevista con Pulso Financiero, el economista chileno señaló que el país cayó al puesto 10 entre 80 naciones en cuanto a la mayor baja en las perspectivas de crecimiento en el último año.

“Argentina es el país número 10 en mayor caída de perspectiva de crecimiento”, dijo De Gregorio. Según sus datos, la perspectiva argentina bajó dos puntos en un año, mientras que la del mundo se mantuvo estable. En ese ranking, la Argentina aparece junto a Qatar, Kuwait, Irak y Emiratos Árabes. “Realmente es como si Argentina estuviera en el Golfo”, ironizó.

El ex ministro de Economía durante el gobierno de Ricardo Lagos en Chile planteó que el país tiene todo para ser envidiable, pero que económicamente es un desastre. Comparó la situación local con la chilena, donde existe un “acuerdo básico” en el marco institucional: democracia, responsabilidad fiscal, Banco Central independiente y espacio para el sector privado. Ese consenso hace que los cambios entre gobiernos de distinto signo sean menores.

En cambio, en la Argentina, “si el candidato del otro lado sube en las encuestas, el riesgo país sube, porque la percepción es que las cosas se van a revertir”. Para De Gregorio, los cambios institucionales que necesita el país requieren estabilidad y un horizonte de mediano plazo. “Eso aún no existe y eso es lo que se necesita”, afirmó. Insistió en la necesidad de llegar a “algún acuerdo de qué es lo que queremos como país”.

El economista definió la flotación con metas de inflación como “el mejor régimen que conocemos para conducir la política monetaria”, pero aclaró que no es un programa de estabilización en sí mismo. Puso como ejemplo lo ocurrido durante el gobierno de Mauricio Macri: no había ajuste fiscal, se seguía monetizando el déficit y la meta no se cumplió.

“El problema fundamental de Argentina ha estado asociado a los desequilibrios fiscales”, sostuvo. Sobre el plan actual del gobierno de Javier Milei, lo calificó de “relativamente exitoso”. Consideró que alcanzar inflaciones anuales de 30% “no es algo que debería sorprender tanto”. Para dimensionar los plazos, recordó que Chile tenía 30% de inflación en 1990, con un Banco Central independiente, y recién en 1994 llegó a un dígito (8% anual), después de un ajuste previo.

En Chile ese proceso ocurrió con un crecimiento de 7% anual. “En ese escenario de alto crecimiento se hace muy fácil”, dijo. En cambio, la Argentina atraviesa la estabilización en un contexto recesivo: “Se está dando en un año de mucha estrechez económica”. De Gregorio insistió en que “lo que se requiere para bajar la inflación en Argentina es un ajuste fiscal, y el ajuste fiscal, querámoslo o no, es recesivo”.

A su juicio, el país tiene “sí o sí” que consolidar el avance fiscal. “Sin eso no existe autonomía de Banco Central, no existe nada”, afirmó. Recomendó además fortalecer un Banco Central independiente y dijo que copiaría la ley chilena, inspirada en la del Bundesbank: “Es totalmente despolitizado”.

El riesgo del atraso cambiario

De Gregorio sostuvo que la Argentina presenta un atraso cambiario. Lo ilustró con una pregunta que les hace a sus amigos que vuelven del país: cuán caros están los restaurantes. “Son los más caros del mundo. Pero porque está atrasado cambiariamente”, afirmó. “Como uno no acaba con la inflación, el tipo de cambio se empieza a atrasar, los precios van subiendo más de lo que va subiendo el dólar, pasamos a ser el país más caro del mundo”, señaló.

Esa dinámica quita competitividad a las exportaciones y alimenta el temor a “una explosión cambiaria”. Recordó que eso le ocurrió al gobierno previo a las últimas elecciones, en medio de “temores electorales”. Por eso, consideró clave contar con “un sistema financiero extremadamente resiliente”.

“El caos viene en que viene una gran depreciación, hay corrida contra la moneda, los bancos quiebran, las empresas quiebran”, advirtió. Para recuperar el crecimiento, propuso avanzar hacia una mayor flexibilidad cambiaria que afloje las tasas. “La situación financiera en Argentina debería ir aflojándose porque parte del apriete es el compromiso cambiario que hay”, explicó.

Sobre el potencial de la minería, De Gregorio respondió a las críticas de que no genera empleo ni derrame. En Chile, la inversión minera alcanza hoy seis puntos del PBI. “Es impresionante cómo el sector de la construcción en Chile se reactiva de manera impresionante con la minería”, señaló. Destacó la importancia de una buena tributación y de establecer un royalty. Para la Argentina, anticipó “muy alta inversión” durante cinco a diez años, con más tecnología, conocimiento y contratación de profesionales. Después, admitió, puede venir un “poquito de slow down” y la economía se tendrá que adaptar.

¿Qué significa esto para tu bolsillo?

Si el atraso cambiario se mantiene, los precios en pesos siguen subiendo más rápido que el dólar, lo que termina afectando la competitividad de las empresas que exportan y, por ende, el empleo y los salarios. Un eventual salto discreto del dólar blue o oficial podría licuar parte de los ahorros en pesos y complicar las cuotas y los plazos fijos. Por eso, el mensaje de De Gregorio es claro: sin consolidar el ajuste fiscal y construir acuerdos de mediano plazo, la estabilización puede ser solo un tramo del camino y no el destino definitivo.

En números, la perspectiva de crecimiento de la Argentina cayó dos puntos en un año, lo que la ubica entre los peores diez desempeños del mundo. Consolidar el superávit fiscal y avanzar hacia un Banco Central más independiente parecen, según el economista chileno, las condiciones mínimas para que el país deje de parecerse al Golfo Pérsico en materia de volatilidad.

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