Economía

Por qué la ‘nueva economía’ obliga a modernizar los indicadores que usamos

La irrupción del delivery, las apps de delivery y el trabajo remoto cambia cómo medimos inflación, consumo y empleo. Economistas piden actualizar las canastas y encuestas para que reflejen la realidad del bolsillo.

Publicado el 10 de agosto de 2026, 23:20 hs

Canasta de consumo y gráfico del IPC argentino

La “nueva economía” ya no es una moda de Silicon Valley: llegó para quedarse en el día a día del argentino. Desde el delivery de comida hasta el trabajo remoto pasando por las ventas por Instagram, todo eso modifica cómo gastamos, cómo ganamos y, sobre todo, cómo medimos lo que pasa en la economía.

El INDEC todavía usa una canasta de consumo que se armó pensando en otra época. El resultado es que la inflación que se publica muchas veces se siente distinta de lo que uno vive en el súper o en la app del celular. Un delivery que antes era un lujo ahora es parte del gasto habitual de miles de familias, pero no siempre está bien capturado en las encuestas de precios.

“Los indicadores tienen que evolucionar al mismo ritmo que la realidad”, dice un informe reciente de la Universidad Torcuato Di Tella. Según el documento, la suba del trabajo freelance y de las plataformas digitales hace que el empleo tradicional subestime la cantidad de gente que está generando ingresos. Un delivery que labura con su moto 30 horas semanales puede aparecer como “informal” aunque tenga un ingreso más estable que varios asalariados registrados.

En el lado del consumo pasa algo parecido. Las compras por Mercado Libre o las suscripciones de streaming no pesan lo mismo que hace cinco años. Si la canasta del IPC no se actualiza, corremos el riesgo de medir mal la inflación real que siente la gente. Traducido: tu sueldo puede perder más o menos poder de compra de lo que dicen los números oficiales.

Los comercios de barrio también lo viven. El padre de muchos economistas jóvenes que vienen de familia de Once lo dice sin vueltas: “Antes vendíamos por metro de tela, ahora competimos con una tienda online que entrega en dos horas”. Ese cambio de hábito obliga a repensar cómo se mide el nivel de actividad. El consumo en shoppings cayó en algunos rubros pero explotó en envíos a domicilio; si no lo registramos bien, el PBI puede dar una foto distorsionada.

Desde el Banco Central también miran con atención. La velocidad con la que se mueve el dinero cambió por las billeteras virtuales y las transferencias instantáneas. Un dato que antes tardaba semanas en verse ahora se ve en tiempo real. Eso obliga a actualizar los modelos que usan para decidir la tasa de interés o la cantidad de pesos que dejan circular.

En números: según estimaciones privadas, más del 25% del consumo urbano ya pasa por canales digitales. Sin embargo, la encuesta de gastos de los hogares del INDEC todavía sub-representa ese canal en varias categorías. El resultado es que cuando la inflación de “Alimentos y bebidas” da 6%, para muchos hogares que piden delivery tres veces por semana el aumento real se siente más cerca del 8% o 9%.

¿Qué se puede hacer? Los especialistas coinciden en tres caminos. Primero, actualizar la canasta del IPC con mayor frecuencia, incorporando bienes y servicios que antes no existían o pesaban poco. Segundo, mejorar las encuestas de empleo para capturar mejor el trabajo por plataformas. Tercero, usar datos alternativos como los de las tarjetas de crédito, las apps de delivery y las transferencias para complementar la información oficial.

Para el bolsillo, todo esto no es un detalle técnico. Si los indicadores están desactualizados, las políticas públicas pueden equivocarse: ajustar jubilaciones de menos, subir tasas cuando no hace falta o creer que el consumo se recuperó cuando en realidad solo cambió de canal.

El desafío es claro. La economía argentina siempre fue creativa y rápida para adaptarse. Ahora los números que la miden tienen que correr detrás con la misma velocidad. Si no, seguiremos tomando decisiones con un mapa que ya no refleja las calles por donde realmente circulamos.

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