Tensiones globales y elecciones 2027: qué mirar para separar ruido de señal
La CEO de Abeceb analizó el impacto de la geopolítica y los comicios en Brasil y EE.UU. sobre la Argentina. Claves para las decisiones de inversión en un año electoral.
El mundo atraviesa un cambio de reglas marcado por tensiones geopolíticas, inflación estructural alta y escasez de capital. En ese contexto, Argentina se prepara para un 2027 electoral con fundamentals más sólidos que en ciclos anteriores, pero con la necesidad de distinguir claramente el ruido de la señal a la hora de tomar decisiones de inversión.
Mariana Camino, CEO y presidenta de Abeceb, lo explicó en el marco del Foro Radar 2026 que se desarrolla estos días. El evento reúne a figuras como Mariano Rajoy, Luis de Guindos, Mauricio Macri, Martha Lucía Ramírez, el viceministro José Luis Daza y Federico Sturzenegger, entre otros.
¿Qué significa esto para el bolsillo y las empresas argentinas? El escenario global se caracteriza por mayor deuda pública, inflación que cuesta bajar y transformaciones simultáneas en geopolítica, cadenas de valor, inteligencia artificial, demografía y cambio climático. Todo eso requiere capital, y América Latina tiene recursos que el mundo demanda. El desafío es capturar valor a través de inversión.
En Brasil, el problema fiscal es central: déficit cercano al 10% del PBI, deuda cerca del 90% y una inflación por encima de la meta. Nadie espera una baja de tasas en el corto plazo. Para la Argentina, eso implica menor demanda interna del principal socio comercial y posible presión si se devalúa el real. Además, la posición geopolítica de Lula puede influir en el comercio regional.
Del lado de Estados Unidos, los resultados de las elecciones intermedias mostraron una pérdida de ambas cámaras para el oficialismo, algo habitual en 11 de las últimas 13 elecciones de medio término. Aunque es prematuro evaluar impactos directos, el panorama se vuelve más exigente. Trump mantiene capacidad de sostener apoyo a la Argentina por motivos geopolíticos, pero con mayor vigilancia del Congreso.
El dato clave: la Argentina llega mejor parada que en elecciones anteriores. Equilibrio fiscal, baja de inflación y acumulación de reservas dan un colchón. El riesgo país cerca de los 800 puntos tiene más explicación doméstica que internacional: las proyecciones de crecimiento se ajustaron a la baja y la estabilidad por sí sola no garantiza expansión.
Abeceb estima que 2026 cerrará con un crecimiento en torno al 1,2%, en línea con el REM. En el último trimestre se ven señales positivas: leve repunte de actividad, baja de mora, algo más de crédito y mejoras en la confianza. No se anticipa una crisis por cobertura electoral, sino mayor volatilidad y una dinámica de serrucho.
En el plano global, el FMI y el G20 discuten cómo expandir la economía sin descuidar la disciplina fiscal. El mundo crecerá menos (cerca del 3%) y comerciará menos. La productividad y la competencia con China son temas centrales. Para Argentina, que se abrió al mundo sin anestesia, el desafío es consolidar la macro y mejorar la productividad.
El rumbo exportador es la oportunidad: sectores dinámicos proyectan ventas externas por encima de los u$s 100.000 millones, con foco en minería, energía y recursos críticos. Eso genera divisas genuinas y tracciona ecosistemas provinciales. Los sectores volcados al mercado interno sufren más la transición por baja productividad.
Traducido al lenguaje del comerciante: las pymes se reconvierten para ser proveedoras de cadenas exportadoras, incorporan tecnología o combinan producción local con importada. El financiamiento se encareció. Vaca Muerta y la minería acceden a crédito externo a tasas corporativas, pero el resto de la economía depende de un sistema bancario local reducido (menos del 10% del PBI). Muchos inversores adoptan postura “wait and see” de cara a 2027.
El Gobierno descartó un “Plan Platita”. Puede haber medidas puntuales de alivio, como evitar nuevos tributos a pymes o compensaciones impositivas. La reforma tributaria y laboral demandan más tiempo. Una inflación que siga bajando y algo de crédito para bienes durables pueden amortiguar el impacto en el empleo y el consumo, pero sin generar un auge.
Según el “Índice de Reversión del Modelo” de Abeceb, buena parte de las transformaciones actuales genera derechos adquiridos difíciles de desarmar. El equilibrio fiscal y el cumplimiento de la deuda parecen anclajes que llegaron para quedarse. Las diferencias futuras estarán más en los ritmos para apuntalar consumo o crédito que en cambiar el rumbo estructural.
En el plano comunicacional hay margen de mejora: explicar mejor los avances en desarrollo de proveedores y entramados productivos que todavía no se ven en los indicadores agregados. Eso ayudaría a consolidar expectativas.
En números: riesgo país coqueteando con 800 puntos, crecimiento proyectado 1,2% para 2026, exportaciones que pueden superar los u$s 100.000 millones y un mundo que necesitará recursos que Argentina tiene, siempre que logre atraer la inversión necesaria.
El mensaje central es claro: en un año electoral, hay que monitorear las señales reales y no dejarse llevar por el ruido. La continuidad en las políticas de estabilidad será clave para que el país capture valor de su posición en un mundo en transformación.