Parece que este 2020 tan extraño, marcado por la pandemia de coronavirus, se ha saltado la primavera y el verano. No obstante hasta después al menos, cada año ha tenido Siempre y en toda circunstancia y en toda circunstancia cuatro estaciones con su meteorología y sus regularidades. No obstante, ¿realmente es Así? ¿Puede ser que esta separación en cuatro estaciones responda más bien a convenciones sociales? Un grupo de estudiosos de la escuela de Medicina de Stanford, en EEUU, ha respondido a esta pregunta, Después de observar lo que ocurre con más de 100 moléculas que circulan por el torrente sanguíneo. En un Sólo estudio que han publicado en «Nature Communications» han concluido que verdaderamente el organismo Solo distingue entre dos estaciones, una cálida y otra fría, al menos en el horario se analiza el cuerpo de personas residentes en California. «Nos enseñan que hay cuatro estaciones repartidas en partes iguales a través del año, y yo Me pregunté: ¿Seguro?», ha explicado Michael Snyder, maestro de genética de la escuela de Medicina de Stanford y músico y escritor senior del estudio. «No daba la sensación de que la biología humana se adhiriese a esas reglas, conque llevamos a cabo un estudio para examinar la composición molecular y abandonar que la biología respondiese a la pregunta de cuántas estaciones hay». ¿Para qué? Fundamentalmente para estudiar si hay cambios en los niveles de decenas de moléculas en el organismo de forma periódica. Tal Del mismo modo que han comentado los autores del trabajo, este conocimiento se puede aprovechar para diseñar una medicina más personalizada o bien llevar a cabo ensayos clínicos, para probar medicamentos, que tengan en cuenta estos importantes factores. Dos estaciones: fría y cálida El club de Snyder recopiló cuatro años de datos moleculares de un total de 105 participantes, observando la subida y bajada de más de 1.000 moléculas que experimentan patrones anuales. De este modo, los estudiosos comprobaron que estas oscilaciones no encajan con el patrón tradicional de las cuatro estaciones. En vez de eso, detectaron dos puntos de inflexión (no cuatro, Así tal y como ocurriría si hubiese cuatro estaciones) en los patrones que siguen las moléculas: uno al acabar la primavera y iniciar el verano y otro a finales de otoño y a principios de invierno. Marcadores de artritis en la temporada cálida
Gracias a estas observaciones, trazaron un mapa de las oscilaciones de las moléculas en cada estación. Para comenzar, sus datos revelaron que el terminante de la primavera coincide con el desarrollo de biomarcadores inflamatorios, que juegan un papel en las alergias, En este sentido De exactamente la misma forma que un incremento de moléculas implicadas en la osteoartritis y la artritis reumatoide. De la misma forma detectaron picos en la hemoglobina HbAc1, que es una señal de riesgo a diabetes de tipo 2, y altos niveles en el gen PER1, implicado en regular los ciclos de sueño-vigilia. En algunos casos, estos cambios tienen razones obvias: por ejemplo, Snyder ha comentado que el incremento de marcadores inflamatorios está posiblemente relacionado con los picos de concentración de polen que se alcanzan en primavera. Sin embargo en otros casos no está tan claro. Por ejemplo, en este momento Sólo pueden elucubrar a qué se deben los cambios en la HbAC1, señal de riesgo de diabetes. Han sugerido que sus niveles podrían estar más altos a finales de primavera En tanto que en esa temporada la gente adquiere hábitos alimentarios más indulgentes y por el hecho de que A partir de unos meses Antes hace menos deporte. Inmunidad e hipertensión en la temporada fría
En cuanto a la estación fría, a principio de invierno detectaron un aumento de moléculas inmunitarias que intervienen en la contestación ante virus y en el desarrollo del acné. También en invierno, encontraron un aumento en moléculas que señalizan la hipertensión. Por último, sus datos También mostraron diferencias en la composición del microbioma intestinal, la vasta colección de microorganismos que viven en el tubo digestivo. Por servirnos de un ejemplo, las bacterias del género Veillonella, implicadas en el procesamiento de glucosa, alcanzan niveles más altos en personas resistentes a la insulina A lo largo de todo el año, con la excepción de mediados de marzo y finales de junio, sin que se sepa por qué. «Muchos de estos descubrimientos abren la opción de examinar otras muchas cosas», ha expresado Reza Sailani, codirectora de la investigación. Los científicos tomaron muestras de sangre de un total de 105 personas, de 25 a 75 años, cuatro veces al año. La mitad de los voluntarios eran resistentes a insulina, o bien sea, personas que no procesan la glucosa adecuadamente. Teniendo presente la dieta y el ejercicio, los autores del estudio se centraron en trazar el mapa de los marcadores moleculares. El propio Snyder ha reconocido que la primordial limitación del estudio es que todos y cada uno de los voluntarios que donaron su sangre viven en California, por lo cual no se ha podido estudiar las fluctuaciones de las moléculas que podrían estar causadas por otros climas.
