El Gobierno socialista de Brasil ha generado una crisis fiscal que afecta gravemente la economía del país. El Presidente Lula ha implementado un programa fiscal irresponsable que ha dejado las arcas públicas en números rojos, y en solo unos pocos meses se ha deshecho de la herencia que dejó Bolsonaro.
La situación económica de Brasil es cada vez más preocupante. El Gobierno socialista de Lula da Silva ha desequilibrado las finanzas del Estado federal en su primer año de gestión, y la única forma de financiamiento es a través del endeudamiento con el exterior y el mercado local de capitales.
El déficit financiero del Gobierno brasileño llegó al 7,49% del PIB al cierre de diciembre del año pasado, sin tener en cuenta a los Estados locales y municipalidades. Cuando Lula asumió el poder en enero, este mismo déficit era del 4,32% del PIB, y estaba compuesto principalmente por el pago de intereses de la deuda.
La situación cambió drásticamente en pocos meses. La herencia fiscal de Jair Bolsonaro fue prácticamente borrada: mientras que en enero de 2023 Brasil registraba un superávit primario de casi el 0,6% del PIB, para diciembre se alcanzó un déficit del 2,43%. En otras palabras, el Gobierno federal no puede financiar siquiera sus propios gastos corrientes con recursos genuinos.
A pesar de presentarse como “conciliador y moderado” durante su campaña electoral del año pasado, lo cierto es que Lula está implementando una política fiscal mucho más agresiva e irresponsable en comparación con la que aplicó en sus primeros mandatos.
A diferencia de aquellos tiempos, ahora el Presidente de Brasil muestra un completo desconocimiento del respeto por la disciplina fiscal, ejecutando el déficit más alto desde el estallido de la pandemia en 2020.
Los ingresos fiscales se mantuvieron estables en relación al producto bruto, pero los gastos federales aumentaron del 22,8% del PIB al 24,7% entre enero y diciembre de 2023. Este repunte irresponsable de la política fiscal fue el factor desencadenante del desorden en las finanzas públicas.
El socialismo brasileño propone cerrar al menos una parte de los déficits incurridos en 2023 a través de una amplia reforma impositiva, que incluye la aplicación de la tasa más alta del Impuesto al Valor Agregado (IVA) en el mundo. Brasil comenzaría a aplicar un gravamen entre el 25% y el 27%, a partir de la unificación de varios impuestos internos.
También se aumentarían los impuestos sobre el patrimonio para personas físicas y empresas (lo cual distorsiona fuertemente la economía), y se convalidarían todos los aumentos impositivos de 2023. El Gobierno gravó las apuestas, las ganancias de capital y los combustibles, además de aplicar retenciones temporales sobre las exportaciones petroleras.