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El agua nos llega a las rodillas: los peligros climáticos dejaron a millones de niños sin escuela en 2025

Los eventos climáticos extremos interrumpieron la educación de millones de chicos en 2025, destruyendo escuelas y desplazando familias. Las consecuencias para su futuro son irreversibles.

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Cuaderno y lápices de colores sobre una mesa escolar
(CC BY 4.0 — libre difusión con atribución a Q Company)

Los desastres relacionados con el clima dejaron a millones de niños sin poder asistir a clases durante 2025. Según datos de la ONU, estos eventos no solo interrumpen temporalmente las lecciones, sino que en muchos casos destruyen infraestructuras educativas completas y obligan a las familias a desplazarse, lo que termina sacando a los más vulnerables del sistema educativo de forma permanente.

Para ubicarse, los principales afectados se encuentran en regiones de Asia, África y América Latina, donde fenómenos como inundaciones, sequías, huracanes y olas de calor se volvieron más frecuentes e intensos. En varios países, el agua llegó literalmente a las rodillas de los alumnos en aulas improvisadas o directamente impidió el acceso a las escuelas durante semanas o meses.

Las consecuencias van más allá de los días perdidos. Los niños que pierden meses de clases tienen mayores probabilidades de abandonar definitivamente los estudios. Esto genera un impacto de por vida en sus oportunidades laborales, ingresos futuros y desarrollo personal. Las niñas suelen ser las más afectadas, ya que en contextos de desplazamiento familiar suelen asumir roles de cuidado en el hogar.

En 2025 se registraron múltiples casos donde escuelas enteras quedaron bajo agua o fueron arrasadas por vientos y deslaves. En zonas rurales, la reconstrucción puede demorar años, y mientras tanto los chicos quedan sin alternativas educativas formales. Organismos internacionales advierten que esta situación agrava las desigualdades ya existentes y compromete los avances logrados en materia de acceso a la educación en las últimas décadas.

¿Por qué importa? Porque Argentina no está exenta de estos fenómenos. El norte del país y la región pampeana han visto en los últimos años eventos de inundaciones y sequías que afectaron comunidades enteras. Aunque la escala no es la misma que en otros continentes, el patrón es claro: los más pobres y los niños pagan el precio más alto.

Las autoridades y organismos multilaterales llaman a invertir en infraestructuras escolares resilientes, sistemas de alerta temprana y programas de continuidad educativa remota o alternativa. Sin estas medidas, cada nuevo desastre climático no solo deja marcas en el paisaje, sino también en la trayectoria educativa de toda una generación.

Lo que se sabe hasta ahora es que 2025 marcó un récord preocupante en interrupciones educativas por causas climáticas. Se espera que la tendencia continúe en los próximos años si no se toman acciones concretas a nivel global y local para mitigar los efectos del cambio climático y proteger el derecho a la educación.

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