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Sin test y revisando “a ojo”: así fue la primera multa por manejar alcoholizado de la historia

En 1897, en el Reino Unido, un taxista fue multado por conducir ebrio sin que existieran alcoholímetros. La sanción se basó en la observación directa de un policía.

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Sin test y revisando “a ojo”: así fue la primera multa por manejar alcoholizado de la historia
La Nacion

En una época en la que los automóviles todavía eran una novedad y los vehículos eléctricos empezaban a aparecer en las calles, el Reino Unido registró lo que se considera la primera multa por conducir bajo los efectos del alcohol de la historia.

Ocurrió el 29 de septiembre de 1897 –hace exactamente 129 años– en Londres. El protagonista fue un taxista llamado George Smith, que manejaba uno de los primeros taxis eléctricos de la ciudad. Un policía lo detuvo después de observarlo circular de forma errática y chocando contra una casa en la zona de Bond Street.

Para ubicarse: en ese momento no existían los alcoholímetros ni ningún tipo de test de alcoholemia. La sanción se basó exclusivamente en la apreciación “a ojo” del agente, que determinó que Smith estaba ebrio. El conductor fue multado con 20 chelines, una suma considerable para la época.

El caso quedó registrado en los archivos policiales británicos y hoy se lo cita como el primer antecedente documentado de una penalización por manejar alcoholizado. Curiosamente, Smith ya había sido advertido días antes por la misma conducta, lo que aceleró la decisión del oficial.

En Argentina, donde los controles de alcoholemia se realizan de forma rutinaria con dispositivos electrónicos, cuesta imaginar un sistema que dependiera únicamente de la percepción humana. Sin embargo, en 1897 el concepto mismo de “conducir ebrio” como infracción específica era algo nuevo.

¿Por qué importa? Ese episodio marcó el comienzo de una larga evolución en materia de seguridad vial que, con el paso de las décadas, llevó a la creación de leyes más estrictas, pruebas científicas y límites de alcohol en sangre que hoy aplican en casi todos los países.

Las autoridades londinenses de entonces no tenían forma de medir con precisión el nivel de ingesta de alcohol. El policía actuó basándose en el comportamiento observable: zigzagueo, lentitud y el posterior choque. Smith admitió haber bebido, lo que facilitó la sanción.

Hoy, 129 años después, los alcoholímetros y las pruebas de sangre son estándar en todo el mundo. Pero la primera multa de la historia se dictó sin tecnología, solo con observación directa y sentido común.

El episodio también sirve para recordar que el problema del alcohol al volante no es nuevo: apareció prácticamente al mismo tiempo que los automóviles. Y que, desde el primer caso, la sociedad entendió que combinar bebida y conducción era una combinación peligrosa.

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