Falsas ofertas de empleo en línea: la nueva cara de la trata de personas que crece en el mundo
Los centros de estafas en el sudeste asiático y más allá obligan a miles de personas a cometer fraudes bajo amenaza. La OIM pide reconocerlas como víctimas de trata y no como delincuentes.
Las falsas ofertas de empleo en internet se han convertido en una de las principales herramientas para captar víctimas de trata de personas en todo el mundo, según advierten organismos internacionales.
Para ubicarse: estos engaños prometen puestos bien pagos en el sector tecnológico, atención al cliente o marketing digital, pero terminan en centros de estafas donde las personas son obligadas a cometer fraudes online bajo amenazas de violencia, tortura o extorsión a sus familias.
La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) alertó que esta forma de trata está en fuerte expansión y ya opera más allá de las fronteras tradicionales de Asia sudoriental, alcanzando países de África, Europa del Este y América Latina. La industria criminal mueve miles de millones de dólares al año.
Lo que se sabe hasta ahora es que las víctimas, muchas de ellas jóvenes con estudios universitarios o conocimiento de idiomas, son reclutadas a través de plataformas como LinkedIn, Facebook o sitios de empleo. Una vez que viajan al país prometido, les quitan los documentos, los aíslan y los obligan a trabajar hasta 18 horas diarias enviando mensajes masivos de estafas románticas, criptomonedas o inversiones falsas.
Según la OIM, estas personas no deben ser tratadas como delincuentes cuando son rescatadas, sino como víctimas de trata de personas. Muchas terminan en prisión en países donde caen los centros de estafas, sin que se reconozca la coerción a la que fueron sometidas.
¿Por qué importa? Argentina no está exenta: en los últimos años se reportaron casos de argentinos que respondieron a ofertas de empleo en Dubái, Camboya, Myanmar o Laos y terminaron atrapados en estos esquemas. Cancillería ha tenido que intervenir en varias ocasiones para repatriar a connacionales que lograron escapar.
Los centros operan como verdaderas cárceles modernas. Los testimonios recopilados por la OIM describen palizas, descargas eléctricas y amenazas de venta de órganos para quienes no cumplen con las cuotas diarias de estafas. Algunos logran escapar gracias a redes de apoyo clandestinas o pagando rescates millonarios a las mafias.
La expansión más allá de Asia es preocupante. Países como Laos, Camboya y Myanmar siguen siendo epicentros, pero la OIM detectó operaciones similares en Filipinas, Indonesia y hasta en algunos enclaves de África. Las bandas criminales, muchas veces vinculadas a grupos étnicos armados o al crimen organizado chino, diversifican sus rutas para evadir los operativos policiales.
Expertos recomiendan extrema precaución ante ofertas de empleo que parezcan demasiado buenas: salarios elevados sin experiencia requerida, procesos de selección exprés o que impliquen mudarse inmediatamente a otro país. Verificar la empresa, no enviar documentos originales ni pagar por trámites son medidas básicas de prevención.
Las autoridades internacionales trabajan en mayor coordinación, pero la naturaleza digital de estos fraudes y la corrupción local en varios países dificultan el desmantelamiento de las redes. Mientras tanto, miles de personas siguen desaparecidas o atrapadas en esta forma moderna de esclavitud.