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Inteligencia artificial: la ONU pide regular una tecnología sin salvaguardas

El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos advirtió que no se puede dejar la IA solo en manos de la autorregulación de las empresas y reclamó que los Estados intervengan para establecer reglas claras.

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Red neuronal abstracta con nodos de luz conectados
(CC BY 4.0 — libre difusión con atribución a Q Company)

El responsable de la Oficina de Derechos Humanos de las Naciones Unidas volvió a reclamar que los Estados tomen cartas en el asunto y regulen la inteligencia artificial antes de que sea demasiado tarde.

Volker Türk, Alto Comisionado para los Derechos Humanos, insistió en que no es posible seguir confiando únicamente en la autorregulación de las grandes empresas tecnológicas. Sus declaraciones se suman a una serie de alertas que vienen llegando desde distintos frentes, incluso desde los propios líderes de las compañías que dominan el mercado.

La preocupación crece porque la IA avanza a un ritmo vertiginoso sin marcos normativos claros que la acompañen. Según Türk, dejar que las empresas decidan solas cómo manejar los riesgos equivale a jugar con fuego en temas tan sensibles como la privacidad, la discriminación algorítmica, la desinformación y hasta el empleo masivo.

Para ubicarse: la inteligencia artificial ya está presente en decisiones que afectan la vida cotidiana de millones de personas, desde préstamos bancarios y selección de personal hasta recomendaciones de contenido y vigilancia en ciudades. Sin reglas comunes, estos sistemas pueden amplificar sesgos existentes y generar daños difíciles de reparar.

Desde hace años, distintos organismos de la ONU vienen advirtiendo sobre estos peligros. Lo novedoso es que ahora se suman voces desde el propio sector tecnológico. Ejecutivos de empresas como OpenAI, Google y Microsoft han pedido en distintas ocasiones que los gobiernos establezcan regulaciones internacionales para evitar una carrera sin controles.

El reclamo de Türk es claro: los Estados deben intervenir con urgencia para crear salvaguardas que protejan los derechos humanos. No se trata de frenar la innovación, sino de encauzarla para que no termine perjudicando a las sociedades.

En Argentina y en la región, el debate sobre regulación de IA recién comienza. Mientras algunos países europeos ya avanzan con marcos legales estrictos, en América Latina la mayoría todavía observa desde afuera. Expertos locales advierten que, si no se actúa pronto, los problemas llegarán importados junto con las herramientas tecnológicas.

Las próximas semanas serán clave para ver si los llamados se traducen en acciones concretas. La ONU impulsa la creación de un tratado internacional vinculante, aunque el camino hacia un acuerdo global parece complejo en un contexto de tensiones geopolíticas.

Lo que sí parece cada vez más evidente es que la autorregulación ya no alcanza. La tecnología avanza más rápido que las instituciones y, sin intervenciones decididas de los Estados, los riesgos seguirán creciendo.

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