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José María Lassalle: “Europa no puede construir su futuro sobre la exclusión y la homogeneidad”

El ex secretario de Estado de Cultura de España y liberal clásico analiza la crisis migratoria en Ceuta, las declaraciones de Rajoy sobre la selección francesa y los desafíos de la identidad europea en el siglo XXI.

Publicado el 15 de agosto de 2026, 01:20 hs

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El ex funcionario del gobierno de Mariano Rajoy, José María Lassalle, cuestionó duramente la gestión del reciente episodio migratorio en Ceuta, donde miles de jóvenes marroquíes intentaron ingresar de forma irregular a España. En diálogo con La Nación, el académico de 59 años consideró que el hecho fue manipulado y dejó más de 100 muertos en menos de 48 horas, entre ahogados y víctimas de estampidas.

Lassalle, doctor en Derecho y profesor de filosofía del derecho, señaló que tanto Marruecos como España fallaron en detectar la concentración de 70.000 personas y la campaña de desinformación en redes que prometía visados y libre circulación por Europa. Criticó además la utilización política del drama por parte de líderes como la primera ministra italiana Giorgia Meloni, a quien calificó de vergonzosa por su reacción.

Nacido en Santander y actualmente desligado del Partido Popular, Lassalle se autodefine como liberal clásico, equidistante de la izquierda woke y de las derechas populistas. Dirige el Foro de Humanismo Tecnológico en Esade y ha escrito extensamente sobre los riesgos de la inteligencia artificial y los peligros para las democracias liberales.

Consultado sobre las polémicas declaraciones de Rajoy durante el Mundial, donde señaló que la selección francesa tenía “un altísimo nivel, eso sí, sin franceses”, Lassalle las consideró injustas y con un componente racista, aunque evitó calificar al expresidente como racista. “Cometió un error y se vio atrapado por la dinámica de polarización”, explicó.

El intelectual señaló que el caso de Francia es paradigmático: el fútbol se ha convertido en el principal ascensor social para muchos jóvenes de origen africano porque los sistemas educativos, universitarios y profesionales europeos no han logrado una verdadera integración igualitaria. “En España no hay guardias civiles ni policías nacionales de origen africano, tampoco diplomáticos, jueces o fiscales, y apenas profesores universitarios”, graficó.

Este problema, según Lassalle, es endémico en todo el continente. Insistió en que el debate debe hacerse con seriedad, sin polarizar ni frivolizar, y que los modelos identitarios del siglo XIX basados en lengua, religión o etnia ya no son operativos en el siglo XXI. “Las identidades se construyen desde una mirada global, cívica y personalista”, afirmó.

Como liberal clásico, rechaza cualquier intento de pureza identitaria. “Una sociedad abierta no puede levantar fronteras internas para fragmentar en guetos la construcción de las identidades”, dijo. Respecto de la intolerancia de ciertos grupos inmigrantes, recordó la máxima de Karl Popper: hay que ser intolerantes con los intolerantes. Quien pretenda construir un califato islamista en Europa se equivoca, pero eso no justifica cerrar las puertas a quienes huyen de regímenes como los talibanes.

Lassalle destacó que la atracción universalista de la civilización occidental liberal explica por qué los migrantes eligen Europa y Estados Unidos y no China. “Ese es el éxito de nuestra sociedad”, señaló, y recordó los principios de la Declaración Universal de los Derechos Humanos surgida tras la Revolución Francesa.

Sobre la reacción de la extrema derecha europea tras el incidente de Ceuta, consideró que utilizaron el hecho para generar alarmismo y xenofobia dentro de sus países. Criticó que el problema migratorio no puede ser afrontado por un solo Estado y necesita una política común europea, algo que el estilo del presidente Pedro Sánchez no ha facilitado.

“Lo que no podemos hacer es construir nuestro futuro sobre la exclusión y la homogeneidad. Me parece que es negar los fundamentos de nuestra civilización”, enfatizó Lassalle.

También se refirió a Donald Trump, cuyos liderazgos autoritarios basados en la arbitrariedad y el egoísmo identitario cuestionan la racionalidad de la democracia liberal norteamericana, según su visión.

Finalmente, expresó su mayor preocupación por la inteligencia artificial: un poder sin límites que opera directamente sobre el inconsciente humano y sustituye al conocimiento tradicional por una lógica de calculabilidad en tiempo real. Esto, advirtió, está haciendo fracasar los mecanismos de control del poder que la Modernidad había diseñado para el Estado.

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