Mientras el Himalaya se derrite, las inundaciones mortales se convierten en la nueva normalidad
El acelerado deshielo de los glaciares del Himalaya está aumentando el riesgo de inundaciones súbitas en los valles, donde se multiplican hoteles, carreteras y centrales hidroeléctricas. Un informe de la ONU advierte que esta combinación convierte las catástrofes en algo cada vez más frecuente.
El Himalaya, la cadena montañosa más alta del mundo, se está derritiendo a un ritmo alarmante debido al cambio climático. Según un nuevo informe de Naciones Unidas, esto está transformando el paisaje y multiplicando los riesgos de inundaciones mortales que ya se están convirtiendo en la nueva normalidad en la región.
Para ubicarse: el Himalaya se extiende a lo largo de varios países de Asia, incluyendo India, Nepal, Bután y partes de China y Pakistán. Es el hogar de decenas de millones de personas que viven en los valles y dependen de los ríos que nacen en sus glaciares.
El problema no es solo el derretimiento en las cumbres. Cada vez más infraestructura humana —carreteras, hoteles, pueblos y centrales hidroeléctricas— se concentra precisamente en los corredores por donde pueden bajar de repente grandes volúmenes de agua, hielo y escombros. Esto amplifica el impacto de los eventos glaciares.
Los “outburst floods” o inundaciones por ruptura de lagos glaciares se han vuelto más frecuentes. Estos fenómenos ocurren cuando un lago formado por el deshielo rompe su barrera natural y libera millones de metros cúbicos de agua en minutos. Las consecuencias son devastadoras: arrasan todo a su paso, destruyen viviendas, vías de comunicación y generan pérdidas de vidas humanas.
Según informó news.un.org, el informe de la ONU destaca que el peligro ya no proviene únicamente de las montañas remotas. La expansión de actividades turísticas, energéticas y de transporte en zonas de alto riesgo está creando una combinación explosiva.
En los últimos años se registraron varios eventos de este tipo que dejaron decenas de muertos y desaparecidos. Las autoridades locales y organismos internacionales coinciden en que, sin medidas de adaptación urgentes, estas inundaciones se repetirán con mayor frecuencia e intensidad.
Los expertos llaman a repensar el modelo de desarrollo en los valles himalayos. Construir más infraestructura en zonas inundables no solo no reduce el riesgo, sino que lo multiplica. Se necesitan mejores sistemas de alerta temprana, ordenamiento territorial estricto y una transición energética que no dependa exclusivamente de grandes represas en áreas glaciares.
El informe subraya que lo que ocurre en el Himalaya no es un problema aislado: afecta a miles de millones de personas que viven río abajo, incluyendo grandes ciudades en India, Bangladesh y Pakistán. Los ríos que nacen allí son la principal fuente de agua para la agricultura y el consumo humano en una de las regiones más pobladas del planeta.
Lo que se sabe hasta ahora es que el ritmo de pérdida de hielo se ha acelerado en las últimas dos décadas. Algunos glaciares ya perdieron más del 30% de su volumen desde los años 70. Las proyecciones indican que, si no se reducen drásticamente las emisiones globales, para 2050 muchos lagos glaciares serán significativamente más grandes y más inestables.
Desde Argentina, donde los efectos del cambio climático también se sienten en la Cordillera de los Andes, este fenómeno sirve como recordatorio de que las montañas del mundo están reaccionando de manera similar. Aunque las distancias sean enormes, los mecanismos son los mismos: más calor, más deshielo, más riesgo para las comunidades que viven abajo.
Las autoridades de los países himalayos, junto con organismos como la ONU, están trabajando en mapas de riesgo actualizados y en sistemas de monitoreo satelital. Sin embargo, los especialistas advierten que la velocidad del cambio climático está superando la capacidad de respuesta de las instituciones locales.
El mensaje central del informe es claro: el deshielo del Himalaya ya no es solo una preocupación ambiental lejana. Se ha convertido en una amenaza directa y cotidiana para cientos de miles de personas que viven y trabajan en los valles de montaña.