República Democrática del Congo: ya vencimos al Ébola y podemos hacerlo de nuevo
La OMS advierte que la falta de fondos y el conflicto armado mantienen activa la transmisión del virus en el país africano, aunque las autoridades locales y organismos internacionales insisten en que la experiencia previa permite controlar el brote antes de que se desborde.
Un nuevo brote de Ébola en la República Democrática del Congo mantiene en alerta a las autoridades sanitarias internacionales. Para ubicarse, el país se encuentra en el centro de África, al este limita con Uganda, Ruanda y Burundi, y es una de las naciones más grandes del continente.
La frase “ya hemos vencido al Ébola y podemos hacerlo de nuevo” resume el mensaje de las autoridades congoleñas y de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Sin embargo, la cruda realidad es que la falta de financiación de los países donantes y la persistencia de la guerra en varias regiones del país complican el trabajo de rastreo de contactos y hacen que algunas cadenas de transmisión sigan siendo desconocidas.
Según informó Noticias ONU, pese a los esfuerzos de los equipos de respuesta rápida, el riesgo de que la epidemia se desborde más allá de las fronteras congoleñas sigue latente. La experiencia de brotes anteriores, donde se logró contener el virus gracias a vacunas y medidas de aislamiento, es la principal carta que juegan las autoridades para mantener la confianza.
Para entender la escala: la República Democrática del Congo ya vivió varios brotes importantes de Ébola en los últimos años. El más grave, entre 2018 y 2020 en el este del país, dejó más de 2.000 muertos y requirió una respuesta internacional sin precedentes. Aquella vez se utilizó por primera vez a gran escala una vacuna experimental que demostró alta eficacia.
El actual brote, aunque más acotado, se ve amenazado por la inseguridad. Los grupos armados que operan en las provincias afectadas dificultan el acceso de los equipos médicos, lo que retrasa el aislamiento de casos y el seguimiento de contactos. Esto explica por qué algunas cadenas de contagio todavía no han sido identificadas.
Desde la perspectiva argentina, la situación en África central puede parecer lejana, pero los riesgos de propagación a través de viajes internacionales y la experiencia regional con epidemias (como el dengue o el COVID-19) muestran que ningún brote viral es exclusivamente local. Además, Argentina ha colaborado históricamente con misiones de la ONU y donaciones en crisis sanitarias africanas.
La OMS insiste en que con fondos adicionales y acceso seguro a las zonas conflictivas, el brote puede ser controlado en las próximas semanas. Mientras tanto, las campañas de vacunación y las medidas de higiene en las comunidades siguen siendo las herramientas principales.
Lo que se sabe hasta ahora es que el número de casos confirmados es aún limitado, pero la incertidumbre sobre las cadenas desconocidas mantiene el nivel de alerta alto. Las autoridades congoleñas y la agencia de la ONU para la salud reiteran el mensaje optimista: ya lo hicimos antes y, con los recursos adecuados, podemos volver a hacerlo.