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Triángulo del Litio: por qué las potencias mundiales se disputan este tesoro estratégico

La región compartida por Argentina, Bolivia y Chile concentra más del 60% de las reservas mundiales de litio. Un nuevo proyecto aprobado bajo el RIGI vuelve a poner el foco en esta zona clave para la transición energética global.

Publicado el 20 de julio de 2026, 12:50 hs

Mapa del Triángulo del Litio en Sudamérica con reservas destacadas
El Cronista

Un nuevo proyecto de extracción de litio aprobado bajo el Régimen de Incentivos a Grandes Inversiones (RIGI) volvió a colocar al Triángulo del Litio en el centro de la agenda internacional. Esta región, compartida por Argentina, Bolivia y Chile, concentra más del 60% de las reservas conocidas de litio del planeta, un mineral clave para las baterías de vehículos eléctricos y el almacenamiento de energías renovables.

Para ubicarse: el Triángulo del Litio abarca el noroeste argentino (principalmente Salta, Jujuy y Catamarca), el sudoeste de Bolivia (Potosí) y el norte de Chile (Antofagasta). Se trata de una zona de salares andinos donde el mineral se encuentra disuelto en salmueras, lo que permite una extracción relativamente más económica que en otras partes del mundo.

¿Por qué importa tanto? El litio es el componente fundamental de las baterías de ion-litio, que alimentan desde celulares y laptops hasta los autos eléctricos que las grandes economías buscan masificar para cumplir sus metas de descarbonización. Según proyecciones de la Agencia Internacional de Energía, la demanda global de litio podría multiplicarse por 40 hacia 2040.

Las principales potencias compiten por asegurar su suministro. China ya controla gran parte de la cadena de procesamiento global y busca expandir su presencia en Sudamérica. Estados Unidos, a través de empresas como Albemarle, busca reducir su dependencia de proveedores asiáticos. Europa, por su parte, impulsa acuerdos con la región para cumplir con su Green Deal.

En Argentina, el litio se convirtió en uno de los pocos sectores que atrae inversión extranjera en un contexto económico complejo. El país cuenta con más de 40 proyectos en distintas etapas de desarrollo y ya es el cuarto productor mundial, aunque aún lejos de los líderes Chile y Australia. El nuevo proyecto aprobado bajo el RIGI busca agilizar inversiones que superen los 200 millones de dólares con beneficios impositivos y aduaneros.

Bolivia, que posee las mayores reservas del mundo, mantiene un modelo más estatal y ha avanzado con menor velocidad. Chile, mientras tanto, reformuló recientemente su política de litio para aumentar la participación del Estado y de empresas locales.

Lo que se sabe hasta ahora es que el control de la cadena de suministro de litio se ha convertido en un tema de seguridad nacional para las grandes potencias. No se trata solo de un mineral: es la clave para la transición energética y, por ende, para el dominio tecnológico del siglo XXI.

Desde Buenos Aires, el desafío es aprovechar esta oportunidad sin repetir errores del pasado con otros recursos naturales. Expertos locales señalan que el verdadero valor no está solo en extraer el litio, sino en avanzar hacia la industrialización local y la generación de empleo calificado en las provincias del norte.

Las próximas semanas serán clave para ver cómo evoluciona la inversión en el sector y qué posición toman los gobiernos de la región frente a los socios internacionales que golpean cada vez más fuerte a sus puertas.

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