Anabella Bergero: cumplió su sueño millennial en la moda y ahora elige un ritmo distinto en Sarasota
La diseñadora cordobesa, tras éxitos en Buenos Aires, Nueva York, Londres y Miami, encontró en la ciudad de Florida una conexión con su origen y un nuevo rol como mentora de creativos. Reflexiona sobre la eterna juventud de su generación y el valor del regreso al origen.
Si hace diez años alguien le hubiera dicho a Anabella Bergero que terminaría enseñando emprendedurismo en una ciudad como Sarasota, probablemente habría sonreído con incredulidad. Pero en 2026 la diseñadora cordobesa vive justamente ese capítulo, después de cumplir la fantasía millennial de éxito en la moda internacional y decidir que era momento de cambiar el ritmo.
Tras una década entre grandes capitales creativas, Bergero desembarcó en Sarasota, Florida, y se sumó al Ringling College of Art and Design. Allí lidera un Launch Lab, dicta clases de Emprendedurismo para Creativos (en colaboración con metodología del MIT) y conduce el ciclo de charlas Creatives Minding their Business. Lo que empezó como un destino inesperado se convirtió en un espacio donde pudo reconciliar su historia personal con un nuevo rol: acompañar a las nuevas generaciones.
"Sarasota me abrió la mente", cuenta. La ciudad, conocida por su legado circense de la familia Ringling y su mezcla de playas, arte y ritmo tranquilo, le recordó aspectos de su Córdoba natal. Después de vivir en Buenos Aires, Londres, Copenhague, Nueva York y Miami, encontró en este lugar una forma de vincularse más comunitaria, con saludos cotidianos, importancia del territorio y un paso más pausado que le resultó familiar.
"Tiene algo de joya escondida: es sofisticada sin sentirse como una gran ciudad, con enorme concentración de arte y cultura para su escala, y conserva cierta excentricidad que le da identidad propia", describe. Compara la atmósfera con un "Great Gatsby tropical" por sus mansiones históricas, jardines exuberantes y relación con el espectáculo.
La trayectoria de Anabella comenzó en el interior argentino, rodeada de la naturaleza y de la tienda de telas de su abuela. A los 12 años emigró con su familia a México, lo que marcó el inicio de una vida nómade: sus padres pasaron por Brasil y Colombia, sus hermanas tomaron rumbos propios. "De Córdoba al mundo", resume su padre.
En 2015 lanzó su marca Maison Nomade, ganó el Fashion Edition Buenos Aires en Faena y presentó colecciones en Buenos Aires Fashion Week y Mercedes-Benz Fashion Week México. Ese impulso la llevó a probar suerte en los grandes centros: Londres en 2017 para formarse, Nueva York en 2018 para realizar su MFA en el Fashion Institute of Technology (FIT). La pandemia canceló su participación en el New York Fashion Week, pero inspiró una propuesta curatorial sobre identidad latinoamericana que se exhibió en Nueva York, el Consulado Argentino y Miami Beach.
Además, se involucró en MUSA Exhibitions, una startup de arte y tecnología, participó en el Techstars × J.P. Morgan Female Founders Catalyst Program y en 2023 presentó la instalación inmersiva Heart of Community en el Faena Art Project Room de Miami Beach. Ese año recibió el Hispanic Heritage Award de Miami Beach por su aporte a la cultura y la comunidad.
Hoy, desde Sarasota, Bergero mira con otra perspectiva los años de mudanzas constantes. "Nuestra generación vive en una eterna juventud: siempre empezando algo, reinventándonos, buscando la próxima oportunidad. De repente mirás hacia atrás y descubrís que ya existe una trayectoria", reflexiona.
Para ella, Argentina representa el origen que permanece. "Volver es reencontrarme con una geografía que mi cuerpo parece reconocer antes que yo. El algarrobo de la casa familiar me devuelve recuerdos hermosos", dice, y conserva la tonada cordobesa. Su forma de entender la comunidad, los textiles, el color, lo femenino y el emprender tienen raíces en esa impronta argentina.
"El origen no es solo nostalgia. Es la historia de base desde la cual salimos al mundo. Parte de crecer consiste en decidir qué queremos conservar y qué transformar", afirma. Después de cumplir sus sueños en la moda y acumular premios, siente que es tiempo de devolver: mentorías, consultorías y herramientas para que los creativos más jóvenes puedan desarrollar sus proyectos con sentido de negocio.
En el Ringling College encontró un lugar que valora el emprendedurismo en las industrias creativas como nunca antes había visto. "Emprender nos da alas. Yo lo hice por accidente, pero vengo de una familia de mujeres emprendedoras", cuenta. La tranquilidad de Sarasota, al principio extraña para quien venía del ajetreo de las capitales, le permitió descubrir que la creatividad no solo ocurre en los grandes centros, sino que puede construir valor alrededor de un lugar.
Con diez años en la industria, premios y una carrera internacional, Anabella Bergero elige hoy ayudar a encender motores ajenos. Su historia es un ejemplo de cómo los saltos de fe, las mudanzas y el diálogo constante con la identidad pueden llevar a capítulos inesperados pero profundamente coherentes.
Fuente: La Nación