Argentina, 1985: la película que revive el juicio a las Juntas
La cinta dirigida por Santiago Mitre y protagonizada por Ricardo Darín reconstruye el histórico juicio a las Juntas Militares. La nota repasa el impacto cultural y político de una producción que vuelve sobre los años de la transición democrática.
La película Argentina, 1985 se estrenó en los cines del país con una recepción que superó las expectativas de sus productores. Dirigida por Santiago Mitre y con Ricardo Darín en el rol protagónico, la cinta reconstruye el juicio oral a las Juntas Militares que tuvo lugar en 1985, uno de los hitos más importantes de la transición democrática argentina.
El film se centra en la figura del fiscal Julio César Strassera, interpretado por Darín, y en su equipo de jóvenes abogados que debieron preparar un caso de enorme complejidad jurídica y política. La narración combina momentos de tensión dramática con toques de humor que aligeran la densidad del tema sin restarle gravedad.
Según fuentes cercanas a la producción, el guion se basó en documentación judicial, testimonios de los protagonistas y archivos periodísticos de la época. El resultado es una reconstrucción que, sin pretender ser un documental, logra transmitir la atmósfera de aquellos años en los que la democracia recién recuperada buscaba hacer justicia por los crímenes de la dictadura.
La película llega en un momento particular de la política argentina. A casi cuatro décadas de aquellos hechos, el debate sobre cómo recordar y juzgar el pasado sigue abierto. Argentina, 1985 no toma partido explícito, pero sí pone el foco en el coraje cívico de quienes, desde el Estado democrático, se animaron a investigar y condenar a los responsables del terrorismo de Estado.
El elenco se completa con actores de renombre como Peter Lanzani, Alejandra Flechner y Carlos Portaluppi. La dirección de arte y la fotografía contribuyen a recrear con fidelidad los ambientes de los tribunales y las oficinas públicas de mediados de los ochenta.
Desde su presentación en el Festival de Venecia, donde obtuvo la ovación del público, la cinta acumuló elogios de la crítica internacional. En Argentina, las salas reportaron buena concurrencia en los primeros días, especialmente entre espectadores que vivieron aquella época y también entre jóvenes que conocen los hechos solo por los libros de historia.
El juicio a las Juntas, que culminó con condenas históricas en diciembre de 1985, marcó un antes y un después. Fue la primera vez que un país juzgaba con todas las garantías a sus propios militares por violaciones sistemáticas a los derechos humanos. Esa experiencia se convirtió en referencia para otros procesos en América Latina y en el mundo.
Argentina, 1985 no es solo una película sobre un juicio. Es también un retrato de una generación que creyó en la posibilidad de que la democracia pudiera reparar, al menos en parte, los daños causados por el autoritarismo. Esa “edad de la ilusión”, como la definió algún cronista de la época, aparece en las escenas donde los jóvenes abogados trabajan hasta la madrugada y en las conversaciones familiares donde se mezclan el miedo y la esperanza.
La cinta evita tanto el panegírico como la denuncia simplista. Muestra funcionarios dubitativos, presiones políticas, amenazas veladas y también momentos de lucidez y coraje. Esa complejidad es, probablemente, uno de sus mayores aciertos.
En los próximos meses se espera que Argentina, 1985 compita en las principales ceremonias de premios internacionales. Mientras tanto, en las salas locales sigue generando conversaciones que van más allá del cine: sobre memoria, justicia y el valor de las instituciones democráticas.
Como en toda obra que toca temas sensibles, no faltaron voces que cuestionaron algunos aspectos de la narración o que consideraron que ciertos hechos fueron simplificados. Sin embargo, la mayoría de los analistas coinciden en que el film cumple con creces su objetivo de traer al presente un capítulo fundamental de la historia argentina reciente.
La película ya está disponible en las principales cadenas de cine del país. Quienes la vieron destacan la solidez de las actuaciones y la capacidad de Mitre para sostener el interés durante más de dos horas de metraje sin caer en efectismos.