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La madre de todas las batallas que Lionel Scaloni ya ganó (Parte 2)

En la segunda entrega, repasamos cómo Scaloni superó las críticas más duras, reconstruyó el grupo y se consolidó como uno de los técnicos más exitosos de la historia argentina.

Publicado el 18 de julio de 2026, 20:45 hs

Lionel Scaloni celebrando con la Copa del Mundo en Qatar 2022 junto al plantel
El Cronista

Lionel Scaloni llegó al Mundial de Qatar 2022 con el respaldo de una Copa América ganada, pero también con una mochila pesada: la presión de un país que no tolera fracasos. Lo que vino después fue la confirmación de que ya había ganado la madre de todas las batallas mucho antes de levantar la tercera estrella.

Cuando asumió en 2018, casi nadie le daba crédito. Lo veían como un interino que había caído por descarte. Los medios hablaban de que faltaba jerarquía, que el equipo no tenía identidad. Scaloni, con su perfil bajo y su experiencia como ayudante en la Selección, empezó a armar algo distinto: un grupo unido, sin estrellas intocables y con un criterio futbolístico claro.

La primera gran prueba fue la Copa América 2019. Terminó tercero, pero dejó sensaciones positivas. El salto llegó en 2021 en Brasil. Ganar la Copa América después de 28 años sin títulos mayores fue el primer golpe sobre la mesa. Ahí Scaloni ya había ganado una batalla interna: convencer a los jugadores de que se podía volver a soñar.

Pero la verdadera madre de todas las batallas fue la que dio contra las dudas de la prensa, los exfutbolistas que lo cuestionaban y un sector del público que pedía nombres rimbombantes en el banco. Scaloni se mantuvo firme en sus convicciones. No se dejó llevar por los cantitos de la tribuna ni por los titulares que pedían cambios radicales después de cada partido flojo.

En Qatar, el equipo llegó con una racha de 36 partidos invictos. La derrota contra Arabia Saudita en el debut fue un cachetazo que probó la madurez del grupo. Scaloni no se cayó. Ajustó, habló con los jugadores y el equipo respondió con creces. De ahí en más, Argentina fue un rodillo: goleó a México, venció a Polonia, dejó en el camino a Australia, Países Bajos, Croacia y, finalmente, a Francia en una final para el recuerdo.

Lo que pocos destacan es que Scaloni ganó la batalla cultural dentro del vestuario. Logró que Messi se sintiera cómodo, que los jóvenes como Enzo Fernández o Julián Álvarez se ganaran el respeto de los mayores y que el equipo jugara con una intensidad que hacía tiempo no se veía. Transformó a la Selección en un equipo solidario, donde el esfuerzo colectivo estaba por encima de los nombres.

Después del Mundial, vino la Copa América 2024. Otro título. Otro trofeo que confirma que no fue casualidad. Scaloni ya no es “el DT que le tocó ganar con Messi”. Es el técnico que reconstruyó una Selección en crisis, que supo manejar egos, que entendió el momento del fútbol argentino y que, sobre todo, ganó la confianza de un país entero.

Hoy, con dos Copas América, un Mundial y una Finalissima, Scaloni tiene números que lo ponen entre los grandes de la historia. Pero más allá de los trofeos, ganó la batalla que parecía imposible: hacer que los argentinos volvieran a creer en su Selección sin necesidad de depender de un milagro individual.

El DT de Pujato ya no tiene que demostrar nada. Ganó la madre de todas las batallas: la de la credibilidad, la de la paciencia y la de construir algo duradero en un país donde todo dura poco. Ahora, con la Copa del Mundo en el bolsillo y un equipo que sigue creciendo, Scaloni sigue escribiendo su historia. Y los que lo criticaban al principio, hoy callan o directamente lo elogian.

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