María Antonietta, de 101 años: “Nunca estamos satisfechos; si tenemos un dedo, queremos cuatro”
La mujer italiana repasó los cambios en la calidad de vida a lo largo de un siglo y criticó la insaciabilidad humana pese a la abundancia material actual.
María Antonietta cumplió 101 años y sigue con la lucidez intacta. Nacida en 1925 en Italia, vivió la posguerra, la reconstrucción europea y el boom del consumo que marcó las últimas décadas. En una reciente entrevista, la centenaria analizó cómo cambió la calidad de vida a lo largo del siglo que le tocó transitar y lanzó una reflexión que resuena fuerte: “Nunca estamos satisfechos; si tenemos un dedo, queremos cuatro”.
La frase, cargada de experiencia acumulada, apunta al corazón de la sociedad actual. Según María Antonietta, las generaciones anteriores conocían la escasez y valoraban lo poco que tenían. Hoy, en cambio, la abundancia material parece no alcanzar nunca. “Tenemos de todo, pero siempre falta algo más”, sintetizó la mujer que vio pasar desde las cartillas de racionamiento hasta los supermercados llenos y el delivery a cualquier hora.
Su testimonio recorre hitos históricos que transformaron la vida cotidiana. Recordó los años de la Segunda Guerra Mundial, cuando la prioridad era tener un plato de comida y un techo seguro. Después llegó la reconstrucción, el acceso creciente a la educación, la salud y los electrodomésticos que aliviaron el trabajo doméstico. Sin embargo, para ella el equilibrio se rompió en algún punto: cuanto más se tiene, más se desea.
“Antes la gente se conformaba con poco y era más feliz”, afirmó. La centenaria cuestionó la lógica del consumo permanente que empuja a reemplazar lo que aún funciona solo porque salió un modelo nuevo. Celulares, autos, ropa, electrodomésticos: todo parece tener fecha de vencimiento emocional mucho antes que técnico.
María Antonietta también habló de las relaciones humanas. Observó que, a pesar de toda la tecnología destinada a “conectarnos”, la soledad y la insatisfacción parecen haber crecido. “Hablamos con la máquina y nos olvidamos de mirarnos a los ojos”, dijo en un pasaje de la charla.
Su mirada no es nostálgica barata ni rechazo al progreso. Reconoce que la expectativa de vida aumentó, que las enfermedades se tratan mejor y que las comodidades de hoy eran impensadas para una niña nacida en 1925. Pero advierte que esa mejora no vino acompañada de una mayor capacidad de disfrutar lo que se tiene.
La reflexión de la italiana llega en un momento en que muchos porteños sienten la misma presión: trabajar más para consumir más, endeudarse para mantener un nivel de vida que no termina de satisfacer. En Buenos Aires, donde los alquileres suben, los precios de los alimentos no paran y el ritmo de la ciudad aprieta, el mensaje de María Antonietta suena especialmente cercano.
“El secreto no está en tener más, sino en valorar lo que uno ya tiene”, concluyó la mujer de 101 años. Una lección simple y al mismo tiempo revolucionaria en una época que premia la insaciabilidad como motor económico.
Fuente: La Nación