La batalla cultural de Milei: el fenómeno que puede definir su reelección
El Presidente busca cambiar valores y hábitos de los argentinos más allá de la economía. Analizamos cómo esta estrategia cultural podría ser clave para una posible reelección en 2027.
Desde que asumió en diciembre de 2023, Javier Milei no solo está peleando por estabilizar la economía. Está librando una batalla cultural que, según analistas, podría terminar siendo el factor que defina si logra la reelección en 2027.
El concepto no es nuevo. En los últimos años, varios líderes de derecha en el mundo –desde Trump hasta Meloni– entendieron que para ganar elecciones de forma sostenida hay que conquistar primero el terreno de los valores, las costumbres y el sentido común de la gente. Milei lo tomó al pie de la letra.
¿En qué consiste esta batalla cultural?
Básicamente, en cuestionar lo que para muchos era incuestionable: el rol del Estado como solucionador de todos los problemas, la idea de que “más gasto público es más igualdad” y ciertos consensos progresistas instalados en las universidades, los medios y el mundo cultural.
En lugar de hablar solo de inflación o reservas, Milei repite conceptos como “libertad”, “mérito”, “responsabilidad individual” y “anti-casta”. Lo hace en entrevistas, en cadenas nacionales, en el Congreso y hasta en TikTok. El objetivo es que esos términos dejen de sonar raros y se conviertan en el nuevo sentido común.
Según datos de consultoras como Opinaia y Analogía, entre los menores de 30 años el discurso liberal-libertario viene ganando terreno. Un segmento que antes votaba mayoritariamente kirchnerismo o izquierda hoy se siente más cómodo con ideas de mercado, crítica a los planes sociales sin contraprestación y rechazo a lo que llaman “adoctrinamiento” en las escuelas y facultades.
El rol de los jóvenes y las redes
Milei entendió antes que nadie el poder de las redes sociales. Mientras que buena parte de la clase política sigue comunicándose como en los 90, él genera contenido que se viraliza solo. Sus frases cortas, su tono directo y hasta su look excéntrico funcionan como gancho para una generación que consume información en formato vertical.
“La batalla cultural se gana en los celulares de los pibes de 15 a 25 años”, dice un operador del oficialismo que prefiere mantener el anonimato. Y los números parecen darle la razón: en las últimas encuestas de imagen, Milei mantiene mejor evaluación entre los más jóvenes que entre los jubilados.
El impacto en la economía cotidiana
Aunque parezca abstracto, esta batalla tiene traducción concreta en el bolsillo. Cuando Milei dice que “el Estado te roba” o que “los impuestos son un castigo”, está dando argumentos al comerciante de Once que tiene que cerrar su negocio a las 3 de la tarde porque no le da para pagar más cargas sociales.
Es el mismo comerciante que, según cuenta Franco Pellegrini en sus notas, entiende la economía desde el mostrador: si suben los costos fijos (alquiler, impuestos, salarios), el margen se achica y termina remarcando precios o achicando personal. Para ese tipo de votante, el discurso cultural de Milei resuena porque valida su experiencia diaria de esfuerzo sin recompensa.
¿Puede ganar la reelección solo con cultura?
No. Los consultores coinciden en que la reelección se va a definir, principalmente, por tres variables duras: inflación, poder adquisitivo del salario y nivel de empleo. Sin embargo, la batalla cultural puede funcionar como ancla emocional cuando la economía no dé todos los resultados esperados.
Si dentro de dos años la inflación está en un dígito mensual pero todavía hay mucha gente resentida por los ajustes, el relato cultural puede ayudar a explicar por qué fue necesario pasar por ese dolor. Es la diferencia entre decir “lo estamos haciendo mal” y decir “estamos corrigiendo 80 años de populismo”.
Los límites de la estrategia
No todo es color de rosa. Críticos dentro y fuera del oficialismo advierten que una batalla cultural demasiado agresiva puede terminar polarizando más de lo necesario. Cuando el discurso se centra en enemigos (periodistas, universitarios, artistas, “zurdos”), se corre el riesgo de perder a los independientes que solo quieren que les baje la inflación y puedan volver a tomar un crédito.
Además, la Argentina tiene una larga tradición de estatismo y clientelismo. Cambiar eso no se hace en una gestión. Requiere tiempo, coherencia y, sobre todo, resultados económicos que validen el relato.
Por ahora, Milei parece decidido a seguir por este camino. Cada vez que habla de “motosierra” no solo está hablando de gasto público: está hablando de una forma de ver el mundo. La pregunta es si, cuando llegue 2027, los argentinos habrán adoptado esa visión o si volverán al viejo molde.
En números: según una encuesta reciente de la Universidad Di Tella, el 38% de los consultados cree que “el principal problema de la Argentina es cultural antes que económico”. Es un número alto para un país que siempre priorizó el bolsillo. Y quizás sea la mejor señal de que esta batalla recién empieza.