Operativo “descomprimir” y obra pública libertaria: el plan oficial tras el Mundial
El Gobierno reveló su estrategia post-Mundial de Clubes con un operativo para aliviar la presión económica y un esquema de obras públicas con sello libertario. Detalles de lo que viene.
El Mundial de Clubes que se jugará en Estados Unidos ya dejó de ser solo un evento deportivo para el Gobierno. Detrás de la cita que arranca en junio, el oficialismo prepara lo que internamente llaman el “operativo descomprimir”: una serie de medidas económicas y de obra pública que buscan aliviar la tensión social acumulada durante los primeros meses del año.
Según fuentes de la Casa Rosada, el plan tiene dos patas centrales. Por un lado, un paquete de medidas focalizadas en sectores de ingresos medios y bajos que incluye bonos, ajustes en tarifas y facilidades para el consumo. Por el otro, el impulso de un modelo de obra pública “libertaria” que privilegia la participación privada y reduce al mínimo la intervención estatal.
El operativo “descomprimir” no es un nombre oficial, pero sí el que circula en los pasillos del Ejecutivo. La idea es llegar al segundo semestre con una economía que muestre signos de recuperación visible, aunque sea modesta, para que el Mundial actúe como telón de fondo de una narrativa de “vuelta al orden”.
En materia de obra pública, el esquema que se está terminando de diseñar prioriza proyectos de infraestructura que puedan licitarse rápidamente y con fuerte componente de financiamiento privado. Carreteras, puertos secos y corredores logísticos aparecen en la lista corta. La consigna es clara: menos licitaciones tradicionales y más contratos de Participación Público-Privada (PPP) revisados bajo la nueva lógica oficial.
“Queremos que el Mundial sea el punto de inflexión”, confió un funcionario cercano al ministro de Economía. El cálculo es que, si la inflación sigue bajando y se logra algún repunte en el empleo formal, la euforia deportiva puede ayudar a amortiguar el descontento social que todavía se siente en los barrios del conurbano y en el interior.
Desde el lado de los gobernadores, el mensaje es mixto. Algunos celebran la posibilidad de destrabar obras paralizadas durante la transición, pero otros advierten que el modelo “libertario” deja afuera a provincias con poca capacidad de atraer inversores privados. En el Ministerio de Infraestructura ya trabajan en una segmentación: obras estratégicas con capital extranjero y obras menores que se financiarán con fondos provinciales.
El timing es clave. El Mundial comienza el 15 de junio. Para esa fecha, el Gobierno espera tener al menos tres grandes licitaciones publicadas y los primeros anuncios de alivio económico ya implementados. No es casualidad que el operativo lleve ese nombre: la idea es literalmente descomprimir la olla antes de que hierva del todo.
Lo que todavía no está claro es cómo reaccionará el mercado ante este combo de gasto focalizado y obra pública con sello ideológico. Economistas cercanos al oficialismo sostienen que se puede hacer sin romper el superávit primario. Los más críticos advierten que cualquier relajamiento puede volver a encender las expectativas inflacionarias justo cuando parecían bajo control.
Por ahora, en Balcarce 50 prefieren hablar de “plan post-Mundial” en voz baja. Saben que la ventana de atención que genera un evento global es corta y que, si no logran mostrar resultados concretos antes de que termine el torneo, la narrativa de la “descompresión” puede convertirse rápidamente en otra promesa incumplida.