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Andrea Suárez, dermatóloga: “Cuando el cortisol es alto, la cicatrización es lenta”

La especialista explica cómo el estrés crónico afecta la piel y el cabello, las señales que revela el cuerpo y qué hacer para mejorar la cicatrización.

Publicado el 16 de julio de 2026, 04:50 hs

Dermatóloga Andrea Suárez explicando efectos del cortisol en la piel durante una consulta médica
La Nacion

Andrea Suárez es una dermatóloga que atiende en Buenos Aires y viene repitiendo algo que cada vez más pacientes comprueban en el consultorio: cuando el cortisol está alto, la piel no sana igual. “Es como si el cuerpo priorizara sobrevivir a corto plazo y dejara la reparación para después”, dice.

El cortisol, conocido como la hormona del estrés, tiene un rol clave en la respuesta inflamatoria. En dosis normales ayuda a regularla, pero cuando se mantiene elevado por semanas o meses, el proceso de cicatrización se ralentiza. Suárez lo ve todos los días: pacientes con heridas que no cierran, acné que se inflama más de lo habitual o intervenciones estéticas que tardan el doble en recuperarse.

“Cuando el cortisol es alto, la cicatrización es lenta”, resume la médica. Y no se trata solo de una molestia estética. La piel se vuelve más reactiva, pierde elasticidad y puede aparecer dermatitis, rosácea o brotes que antes no se daban. El cuero cabelludo tampoco se salva: caída de pelo difusa, caspa que empeora o picazón constante son señales frecuentes.

Según Suárez, el estrés crónico afecta la barrera cutánea y reduce la producción de colágeno. Eso explica por qué una persona que duerme mal, trabaja bajo presión y no se toma un respiro ve que cualquier raspón o cirugía menor se convierte en un problema que dura semanas. “El cuerpo está en modo alerta permanente y la reparación tisular queda en segundo plano”, explica.

La dermatóloga identifica patrones claros en la consulta. Pacientes que refieren “tengo la piel sensible de repente” o “nada me cicatriza bien” suelen tener niveles alterados de cortisol. Lo mismo pasa con el pelo: efluvio telógeno (la caída masiva que aparece dos o tres meses después de un evento estresante) es cada vez más común en consultorios porteños.

¿Qué se puede hacer? Suárez recomienda un abordaje integral. No alcanza con una crema. “Hay que bajar el cortisol desde adentro”, dice. Duerme bien, come en horarios regulares, hacé actividad física que no sea extenuante y, si es necesario, buscá ayuda psicológica. En paralelo, la rutina de skincare debe ser reparadora: ceramidas, niacinamida, centella asiática y protección solar alta son aliados clave.

En casos donde la alteración hormonal es clara, la médica deriva al endocrinólogo o al médico clínico para que evalúe los niveles. “Muchas veces el paciente llega por un granito que no se va y se va con un diagnóstico más profundo”, cuenta.

La observación de Suárez coincide con lo que se ve en foros y grupos de salud online: gente que nota que después de un año complicado la piel “no responde” como antes. Lo que antes era una simple irritación ahora se transforma en un cuadro prolongado. El detalle que lo cambia todo, según la dermatóloga, es entender que la piel es un espejo del sistema nervioso. “Si vivís en estrés constante, tu piel también lo vive”.

Por eso, más allá de los tratamientos tópicos, Suárez insiste en mirar el contexto completo. “No es solo una cuestión de cosmética. Es salud”, cierra. Y en una ciudad como Buenos Aires, donde el ritmo parece no parar, este mensaje resuena cada vez más.

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