Sociedad

La señal silenciosa de tu calefactor que puede intoxicarte: qué revisar antes de dormir

El monóxido no se ve ni se huele, pero algunos indicios del artefacto y del ambiente exigen actuar. La nota ordena controles, síntomas y pasos de emergencia sin alarmismo.

Publicado el 3 de agosto de 2026, 19:30 hs

Calefactor encendido junto a una rejilla obstruida mientras una mano abre la ventana del ambiente

El monóxido de carbono no se ve, no se huele y no tiene sabor: por eso las intoxicaciones domésticas suelen empezar sin que nadie note nada raro. Lo que sí puede notarse son las condiciones que lo hacen posible —cómo funciona el artefacto, cómo está ventilado el ambiente, qué síntomas aparecen a la vez en varias personas— y ahí hay margen para actuar. Estos son los controles que se pueden hacer esta misma noche, sin herramientas y sin tocar el interior del equipo.

Qué revisar esta noche sin desarmar el artefacto

El primer control es la ventilación del ambiente. Los artefactos de combustión necesitan aire para quemar bien y una salida para los gases. Las rejillas de ventilación, tanto la inferior como la superior, tienen que estar libres: sin muebles delante, sin cintas, trapos, papeles ni burletes que las tapen. Taparlas para que no entre frío es el error más común del invierno y también el más peligroso, porque elimina justamente la condición que vuelve seguro al artefacto.

El segundo control es la llama. En los artefactos que la dejan a la vista, una llama estable y de color azul indica combustión completa. Una llama predominantemente amarilla o anaranjada, que se agita, que se separa del quemador o que deja hollín es un indicio de combustión deficiente. También lo son las manchas negras o el tizne alrededor de la salida, y un vidrio que se empaña más de lo habitual.

El tercero es la salida de gases. Los conductos de evacuación deben estar conectados, sin partes flojas, oxidadas o desprendidas, y descargar al exterior. Un calefactor de tiro balanceado que descarga a un patio interno cerrado, o un conducto que quedó desconectado detrás del mueble, anula la seguridad del diseño.

Ninguno de estos controles requiere abrir el equipo ni manipular la instalación. Si alguno da mal, la conducta es la misma: apagar el artefacto, ventilar y llamar a un gasista matriculado.

Síntomas que obligan a salir y pedir ayuda

Los síntomas de una intoxicación por monóxido son inespecíficos y se confunden con los de un cuadro viral: dolor de cabeza, náuseas, mareos, cansancio, confusión, visión borrosa. Justamente por eso no sirven para diagnosticar nada por cuenta propia, pero sí hay un patrón que debe encender la alarma: que varias personas del mismo ambiente se sientan mal al mismo tiempo, que el malestar mejore al salir de la casa y vuelva al regresar, o que también se vean afectadas las mascotas.

Ante esa situación, la secuencia recomendada por las autoridades sanitarias es directa y no admite demora: salir al aire libre, abrir puertas y ventanas al salir, no volver a entrar y pedir asistencia médica de inmediato. No hay que buscar la fuente, ni esperar a ver si mejora, ni ventilar quedándose adentro. En los casos de intoxicación, el tiempo de exposición es la variable que más importa.

Conviene tener a mano los números de emergencia de la jurisdicción —servicio de emergencias médicas, bomberos y la distribuidora de gas de la zona— anotados en algún lugar visible y no sólo en el teléfono. Es información que cambia según la localidad y conviene verificarla una vez, en frío.

Errores que aumentan el riesgo dentro de la casa

Hay conductas habituales que agravan el riesgo aunque el artefacto esté en condiciones. La más frecuente es sellar el ambiente: tapar rejillas, colocar burletes en todas las aberturas o cerrar por completo un cuarto con un artefacto encendido. La casa gana algo de temperatura y pierde la ventilación que el artefacto necesita.

La segunda es usar artefactos fuera de su función. El horno y las hornallas de la cocina no son estufas: no están diseñados para funcionar durante horas ni para calefaccionar, y en un ambiente cerrado consumen el oxígeno disponible. Tampoco corresponde usar en interiores equipos pensados para exterior, como calentadores o parrillas a combustión, ni dejar un motor encendido en un garaje comunicado con la vivienda.

La tercera es dormir con un artefacto sin conducto de evacuación en el dormitorio, especialmente los que no tienen salida al exterior. El sueño elimina la posibilidad de percibir los primeros síntomas, que es el margen de reacción con el que cuenta una persona despierta.

La cuarta es confiar en un detector como si fuera una garantía. Un detector de monóxido puede ser un complemento útil, pero sólo si está certificado, correctamente ubicado, con la pila en condiciones y dentro de su vida útil. No reemplaza la ventilación ni el mantenimiento del artefacto: avisa cuando el problema ya está ocurriendo.

Qué debe controlar un gasista matriculado

El mantenimiento de artefactos a gas corresponde a un gasista matriculado, y conviene hacerlo antes del invierno, no cuando aparece un problema. La revisión profesional incluye el estado y el funcionamiento del quemador, la regulación de la combustión, la estanqueidad de la instalación, el estado y la conexión de los conductos de evacuación, y la verificación de que las ventilaciones del ambiente cumplan con lo que exige la normativa para ese artefacto y ese local.

Al contratar, corresponde pedir la matrícula y verificarla: los entes reguladores y las distribuidoras publican registros de matriculados. Es también la manera de asegurarse de que quien firma el trabajo puede responder por él.

Lo que no debe hacerse es intentar la reparación por cuenta propia. Regular un quemador, modificar un conducto o "destapar" una salida con métodos caseros son tareas que requieren instrumental y habilitación, y un ajuste mal hecho puede empeorar exactamente el problema que se busca evitar.

En resumen: no hay una señal olfativa que anticipe el monóxido, pero sí indicios verificables —rejillas tapadas, llama amarilla o inestable, hollín, conductos flojos, síntomas simultáneos en varias personas— que justifican apagar el artefacto, ventilar y pedir ayuda. La revisión que confirma si la instalación es segura corresponde a un gasista matriculado, y conviene hacerla antes de que llegue el frío, no después del primer susto.

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