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Café y corazón: qué dice la ciencia sobre sus riesgos reales y cuántos se pueden tomar por día

Un estudio reciente analiza la relación entre el consumo de café, las arritmias y las enfermedades cardíacas. El cardiólogo Jorge Tartaglione explicó en detalle los verdaderos riesgos y la importancia de filtrarlo.

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Café y corazón: qué dice la ciencia sobre sus riesgos reales y cuántos se pueden tomar por día
La Nacion

El café es una de las bebidas más consumidas en Argentina y en el mundo, pero durante años generó dudas sobre su impacto en la salud cardiovascular. Un estudio reciente busca aclarar si realmente aumenta el riesgo de arritmias o enfermedades cardíacas, y las conclusiones son más tranquilizadoras de lo que muchos esperan.

Según explicó el cardiólogo Jorge Tartaglione en una entrevista en LN+, el consumo moderado de café no solo no es perjudicial para la mayoría de las personas, sino que puede tener efectos neutros o incluso protectores en ciertos aspectos. Sin embargo, hay matices importantes que dependen de cómo se prepara y de la cantidad que se ingiere a diario.

El especialista detalló que las arritmias, esos latidos irregulares que a veces generan preocupación, no muestran una relación directa y fuerte con el café en las personas sanas. Los compuestos del café, como la cafeína, pueden generar un leve aumento de la frecuencia cardíaca en algunos individuos sensibles, pero los grandes estudios poblacionales no confirman que eso derive en un mayor riesgo de fibrilación auricular o taquicardias graves.

Donde aparece el mayor cuidado es en las enfermedades cardíacas en general y, sobre todo, en la forma en que se consume la bebida. Tartaglione destacó la importancia del filtrado: el café hecho con filtro de papel o métodos que retienen los aceites naturales (como el café turco o el hervido) reduce la presencia de sustancias que pueden elevar el colesterol LDL, conocido como “malo”.

En números, el cardiólogo aconsejó no superar las tres tazas diarias de café filtrado para la mayoría de los adultos sanos. Esa cantidad se asocia en las investigaciones con un posible menor riesgo de infarto y de insuficiencia cardíaca, siempre y cuando no haya contraindicaciones médicas previas como hipertensión no controlada o arritmias diagnosticadas.

“El problema no es el café en sí, sino cómo lo preparás y cuánto tomás”, resumió Tartaglione. Quienes agregan grandes cantidades de azúcar, crema o lo consumen en versiones muy concentradas pueden estar sumando calorías y grasas que sí impactan negativamente en el peso y en los factores de riesgo cardiovascular.

El estudio mencionado refuerza lo que varios meta-análisis vienen mostrando en los últimos años: el café no es el villano que se pensaba en las décadas pasadas. Al contrario, su contenido en antioxidantes como los polifenoles parece contribuir a reducir la inflamación y mejorar la función endotelial de los vasos sanguíneos.

Para los que sufren de reflujo o ansiedad, la recomendación sigue siendo moderación o incluso optar por descafeinado. Pero para la población general, el mensaje es claro: si te gusta el café, podés seguir tomándolo sin culpa, siempre que sea con filtro y sin excesos.

En un país donde el café forma parte de la rutina diaria —ya sea en la oficina, después del almuerzo o como excusa para una charla—, entender estos matices ayuda a tomar decisiones más informadas sobre lo que ponemos en el cuerpo. Consultar siempre con el médico de cabecera sigue siendo el mejor consejo antes de hacer cambios importantes en la dieta.

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