Después de los 60: comunidades de WhatsApp que terminan en amistades, salidas y proyectos reales
Grupos que nacen en la app para organizar encuentros presenciales crecen entre mujeres mayores de 60 en Buenos Aires. De la pantalla al living, del mensaje a la merienda compartida: cómo se construyen nuevas redes de conexión en la segunda mitad de la vida.
Si tenés más de 60 años y los viernes a la tarde se te hacen eternos, no estás sola. Cada vez más mujeres en Buenos Aires están dejando los grupos de WhatsApp para pasar a la vida real: se encuentran a leer cuentos, caminar por el Parque Centenario, visitar el Jardín Botánico o simplemente tomar un café en Caballito.
Mil Horas es una de esas comunidades. Nació hace algunos meses alrededor de conversaciones sobre la nueva longevidad y ya reúne a más de ochocientas personas, en su mayoría mujeres de entre 60 y 80 años. Lo que empezó como un espacio digital para charlar se transformó en una red de encuentros presenciales que ya no necesita coordinadora: hay grupos por zona, por intereses y por actividades.
En el living de Guillermina, por ejemplo, se armó un club de lectura. Un viernes de julio hablaron de Cortázar; ahora están con Alejandra Kamiya. Llevan mate, té y budines caseros. Nadie dirige, pero todas aparecen. Muchas de ellas no se conocían hace unos meses y compartían las mismas tardes solitarias. Hoy organizan paseos por el río en la zona norte, intercambian gajos de plantas nativas o planean forestar espacios verdes de la ciudad.
El objetivo es claro: pasar de la conectividad a la conexión. Usar la tecnología para acordar y luego encontrarse cara a cara. No se trata de abandonar el celular, sino de aprovecharlo para generar lo que realmente importa: alguien enfrente con quien charlar, jugar al Scrabble o planear un viaje.
Esta tendencia no es solo local. En Ámsterdam funciona The Offline Club, donde la gente paga por pasar horas sin mirar el teléfono. Se reúnen en cafés a leer, escribir o simplemente estar en silencio compartido. La paradoja, como en muchos casos, es que el club se dio a conocer por Instagram.
Un estudio del Pew Research Center publicado en octubre de 2026 mostró que casi 4 de cada 10 adultos estadounidenses participan de alguna comunidad digital, pero solo uno de cada cinco se siente muy cercano a los demás miembros. Aun así, cerca de un tercio de esas comunidades organiza encuentros presenciales. Entre los mayores de 65 años, apenas el 14% cree que las relaciones nacidas online pueden ser tan significativas como las presenciales.
En Buenos Aires, muchas de estas mujeres vivieron décadas en las que las relaciones se armaban alrededor del trabajo, los hijos o el barrio. Con la jubilación, el nido vacío o los cambios de vida, esas redes se fueron diluyendo. Aparece entonces la necesidad de construir nuevas pertenencias con personas que elijan hoy, no solo con las que compartieron el pasado.
Lorna Prat, por ejemplo, buscaba conversaciones más profundas que las novedades cotidianas. Tras participar de un taller sobre longevidad en Casa Naesqui, conoció a otra mujer con ganas de ir a Arteba. Se pasaron los teléfonos, fueron juntas, tomaron un café y empezaron una amistad sin algoritmos de por medio.
Sara, de 71 años y vecina de Ramos Mejía, lo resume así: ya crió a su hija y ahora quiere descubrir cómo se vive después de los 70. En Mil Horas encontró mujeres de distintas edades con las que sale al cine, baila o va a ver una muestra. Ruth, que ya tiene sus grupos de toda la vida, se sumó porque “cuantos más, mejor”. Para ella, envejecer separadas no tiene sentido si juntas se la pasan mejor.
Andrea Viviana Rodríguez llegó hace poco y encontró un espacio para cuestionar ideas aprendidas sobre la vejez. “Es un lugar para todos los que tengan el ánimo de seguir creciendo y armar redes”, dice. Conocer gente nueva permite presentarse sin el peso de la historia anterior y volver a descubrirse.
La Organización Mundial de la Salud estimó en 2025 que una de cada seis personas en el mundo experimenta soledad y pidió que la conexión social sea prioridad de salud pública. Pero más allá de las estadísticas, lo que mueve a estas mujeres es la curiosidad, los deseos y los proyectos que todavía quieren realizar.
No se trata solo de combatir el aislamiento. Es volver a tener derecho a jugar, a probar cosas nuevas y a disfrutar sin justificar cada actividad con un beneficio para la salud. Como dice una de ellas: llegar a vieja es una de las mejores cosas que pueden pasarnos. Y hacerlo acompañada, mejor todavía.