Sociedad

Celulares fuera del aula: la nueva regla que llega a las escuelas de CABA

El Gobierno porteño implementará una medida para que los estudiantes de primaria y secundaria dejen sus celulares fuera del aula durante las horas de clase. La iniciativa busca mejorar la atención y reducir distracciones.

Publicado el 14 de julio de 2026, 13:50 hs

Desde el próximo ciclo lectivo, los alumnos de las escuelas públicas y privadas de la Ciudad de Buenos Aires deberán dejar sus celulares fuera del aula. La medida, anunciada por el Ministerio de Educación porteño, busca recuperar la atención plena durante las clases y reducir las distracciones que generan los dispositivos.

La disposición alcanzará a estudiantes de primaria y secundaria. En los colegios primarios, los celulares quedarán guardados en un lugar seguro designado por cada institución, mientras que en secundaria podrán dejarlos en sus mochilas apagados o directamente en casilleros si la escuela cuenta con ellos. Los docentes, en tanto, podrán usar sus teléfonos con fines pedagógicos.

"Lo que estamos viendo en las aulas es que la atención se fragmenta constantemente", explicó un funcionario del área educativa. Según datos que maneja el Gobierno de la Ciudad, el uso excesivo de celulares durante las clases afecta la concentración, el rendimiento académico y hasta las relaciones entre pares. La decisión llega después de que varios países y provincias implementaran restricciones similares con resultados variados.

La medida no es del todo nueva en la Ciudad. Algunas escuelas ya la aplicaban de manera autónoma, sobre todo en los primeros años de secundaria. Lo que cambia ahora es que se convertirá en una política generalizada, con lineamientos claros para todas las instituciones. Los directivos deberán informar a las familias antes de que comience el ciclo 2025.

Desde las asociaciones de padres hay opiniones divididas. Algunos celebran la iniciativa porque consideran que los chicos pasan demasiado tiempo pegados a las pantallas. Otros advierten que en un contexto de inseguridad, el celular es una herramienta de comunicación con la familia, especialmente en el trayecto de ida y vuelta al colegio.

En los foros de internet y grupos de WhatsApp de padres porteños el tema ya genera debate. Hay quienes recuerdan su propia infancia sin celulares y otros que defienden el uso controlado como parte de la educación digital. Lo cierto es que la discusión trasciende la mera prohibición: se trata de cómo gestionamos la presencia de la tecnología en espacios donde antes no existía.

Especialistas en educación consultados coinciden en que el problema no es el celular en sí, sino el uso compulsivo. "Es como si les pidiéramos a los chicos que ignoren un imán gigante", graficó una psicóloga especializada en infancia y adolescencia. Por eso, la medida vendrá acompañada de talleres sobre uso responsable de pantallas, tanto para alumnos como para docentes y familias.

En las escuelas privadas el impacto será distinto según el perfil de cada institución. Algunos colegios de elite ya tienen políticas estrictas desde hace años. En los más heterogéneos, donde conviven realidades muy distintas, la aplicación demandará mayor seguimiento.

La experiencia internacional muestra resultados mixtos. En Francia, por ejemplo, la prohibición total de celulares en escuelas primarias y secundarias rige desde 2018, aunque su efectividad ha sido cuestionada. En Australia y Nueva Zelanda también avanzaron en restricciones similares. En Argentina, Córdoba y Mendoza ya implementaron normativas parecidas con distintos grados de éxito.

Lo que nadie cuenta es que detrás de esta medida hay un dato que pocas veces se menciona: los propios docentes admiten en privado que ellos también luchan por no mirar el celular durante las clases. El desafío, entonces, parece ser colectivo. No se trata solo de limitar a los estudiantes, sino de repensar cómo convivimos todos con estas pequeñas computadoras que llevamos en el bolsillo.

Las escuelas tendrán tiempo hasta marzo para organizar la logística. Mientras tanto, el debate ya está instalado en las casas, en los grupos de chat y en los pasillos. Porque más allá de la norma, lo que está en juego es cómo formamos la atención en una época donde todo compite por nuestra mirada.

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