Conrado Estol: la educación temprana reduce el riesgo de demencia
El neurólogo explicó en detalle los pilares de la longevidad saludable y cómo la estimulación cognitiva desde la infancia incide directamente en la prevención de enfermedades neurodegenerativas.
El neurólogo Conrado Estol aseguró que la educación temprana reduce de manera significativa el riesgo de desarrollar demencia en la vejez.
En una entrevista exclusiva, el especialista profundizó en los factores que inciden en una longevidad saludable y destacó el rol clave de la estimulación cognitiva desde los primeros años de vida. Según sus palabras, invertir en educación infantil constituye una de las medidas preventivas más efectivas contra el deterioro cognitivo futuro.
Estol, con amplia trayectoria en neurología vascular y prevención de enfermedades neurodegenerativas, enumeró los pilares fundamentales para mantener un cerebro sano a lo largo de los años: actividad física regular, alimentación equilibrada, control de factores de riesgo cardiovascular, sueño de calidad y, de manera destacada, el desarrollo cognitivo continuo.
"La educación temprana reduce un porcentaje importante del riesgo de llegar a tener demencia", afirmó el médico. Esta afirmación se basa en estudios que muestran cómo la mayor reserva cognitiva adquirida en la infancia y juventud actúa como un factor protector ante posibles patologías como el Alzheimer u otras formas de demencia.
El especialista explicó que la reserva cognitiva se construye a través de la lectura, el aprendizaje de idiomas, el desarrollo de habilidades complejas y la interacción social rica. Estas actividades fortalecen las conexiones neuronales y permiten que el cerebro compense mejor posibles daños que surjan con el paso del tiempo.
Además de la educación infantil, Estol insistió en la importancia de continuar con el aprendizaje a lo largo de toda la vida. "Nunca es tarde para empezar, pero cuanto antes se inicie, mejores serán los resultados", señaló. Recomendó actividades como leer habitualmente, resolver problemas matemáticos, tocar un instrumento musical o practicar hobbies que exijan concentración y memoria.
El control de la hipertensión, la diabetes, el colesterol alto y el tabaquismo también forman parte central de su mensaje preventivo. Estos factores vasculares, indicó, están directamente relacionados con el riesgo de demencia vascular y con el agravamiento de otras patologías cognitivas.
En cuanto a la alimentación, el neurólogo recomendó seguir una dieta mediterránea rica en frutas, verduras, pescado, nueces y aceite de oliva. Este tipo de alimentación ha demostrado en múltiples investigaciones su capacidad para reducir la inflamación y proteger las células cerebrales.
La actividad física diaria, preferentemente aeróbica combinada con ejercicios de fuerza, completa el cuadro de recomendaciones. Caminar a paso rápido, nadar o andar en bicicleta ayudan a mejorar el flujo sanguíneo cerebral y liberan sustancias neuroprotectoras.
Estol también hizo hincapié en la necesidad de dormir entre siete y ocho horas por noche. Durante el sueño profundo se produce la eliminación de proteínas tóxicas que se acumulan en el cerebro y que están asociadas al desarrollo de demencia.
El mensaje del neurólogo es claro: la demencia no es un destino inevitable del envejecimiento. Gran parte del riesgo puede modificarse a través de hábitos que se adquieren desde la niñez y se mantienen durante toda la vida. La educación temprana aparece como una de las intervenciones de mayor impacto a nivel poblacional.
En un contexto donde la expectativa de vida continúa aumentando en Argentina y el mundo, las recomendaciones de especialistas como Conrado Estol adquieren especial relevancia para las políticas públicas en materia de salud y educación.