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Murió Max Higgins: el extravagante desembarco en la Argentina de un ‘Pirata del Caribe’

El jamaiquino que prometió un Mundial de talentos juveniles con premios millonarios, Lamborghinis y shows de Gloria Gaynor dejó una estela de deudas, cheques sin fondo y eventos fallidos en el país.

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Murió Max Higgins: el extravagante desembarco en la Argentina de un ‘Pirata del Caribe’
El Cronista

El jamaiquino Max Higgins, conocido por su llegada ruidosa a la Argentina en 2007 con un ambicioso proyecto de fútbol juvenil, falleció a los 37 años. El hombre que se hacía llamar “Sir” y que mezclaba reggae, Lamborghinis y promesas millonarias dejó tras de sí una historia digna de película: luces, shows, deudas impagas y varias demandas penales.

Higgins llegó al país con la idea de World Football Idol, un certamen que según él iba a descubrir al próximo Lionel Messi. El formato combinaba un reality de talentos futbolísticos con premios descomunales: un contrato profesional, un millón de dólares en efectivo y una Lamborghini Diablo valuada en 350 mil dólares. Su empresa, Higgins Warner Group, prometía invertir 25 millones de dólares y llevar el evento a la escala de un Mundial de la FIFA.

Las dos primeras ediciones se realizaron en el estadio José María Minella de Mar del Plata. El lanzamiento incluyó desfile de modelos, recitales de Los Nocheros, Soledad Pastorutti, Gloria Gaynor y la presencia de Diego Maradona y Sergio Goycochea. Para la final de noviembre se anunciaba la banda Duran Duran. Sin embargo, los eventos estuvieron lejos de cumplir las expectativas.

Según crónicas de la época, uno de los shows arrancó con cuatro horas de demora, cuando ya anochecía. El público era escaso: algunos chicos ilusionados, policías y personal con credenciales. Un blog especializado describió el clima como “postal triste” y denunció que la foto del supuesto ganador publicada en un diario local había sido tomada de día, mientras que la final se había realizado de noche.

Higgins aseguraba haber puesto 1,5 millón de dólares de su bolsillo y contaba con sponsors como Nike y HSBC, aunque ninguno apareció con su logo. También prometía recaudar millones por derechos de televisión y venta de DVDs. Ninguna cadena mostró interés en transmitir lo que, según él, superaría a la Fórmula 1 y los Juegos Olímpicos.

Para financiar su aventura recurrió a la publicidad en medios locales. Compró espacios en Clarín, Olé y Radio Mitre con cheques de una cuenta cerrada en Estados Unidos y otra de dudoso respaldo en las Islas Vírgenes. El grupo Clarín acumuló deudas de alrededor de 50 mil pesos de entonces y terminó iniciándole una demanda penal. Higgins respondía con evasivas como “ya arreglé todo con el Señor Magnetto”.

Situación similar vivió con el Luna Park, donde repitió el modus operandi del alquiler sin pagar. En un hotel cinco estrellas le retuvieron la notebook por falta de pago. El caso más llamativo fue el de la Lamborghini blanca ploteada con el logo de World Football Idol. El vehículo fue “prestado” por José Antonio Fernández García, representante local de la marca, y terminó siendo buscado durante seis meses por la Policía Federal hasta que lo encontraron escondido en una cochera de Puerto Madero.

El extravagante personaje solía moverse en un Mercedes-Benz Clase S blanco modelo 1991, escuchando Bob Marley a todo volumen mientras manejaba por Puerto Madero y la City porteña. Anillos, pulseras y collares dorados completaban su imagen de “Pirata del Caribe” adaptado al negocio argentino.

Aunque su paso por el país fue breve y polémico, dejó una huella en la memoria de quienes cubrieron sus eventos y de los que quedaron esperando pagos. Higgins representó una mezcla de ambición desmedida, show business y la clásica “solución argentina” a los compromisos pendientes.

Según informó El Cronista, su muerte se conoció en las últimas horas. El hombre que prometió cambiar el fútbol juvenil global se va dejando más preguntas que respuestas y varias facturas sin saldar en la Argentina.

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