Proteína SPARC en células madre: nuevo avance argentino para cicatrizar heridas crónicas
Investigadores del CONICET y FLENI descubrieron que aumentar la proteína SPARC mejora la regeneración cutánea en pruebas de laboratorio y en ratones. El hallazgo abre la puerta a tratamientos complementarios para heridas difíciles de diabetes, quemaduras y otras condiciones.
Un equipo de científicos argentinos del Instituto de Neurociencias (INEU) del CONICET en FLENI encontró que la proteína SPARC juega un rol clave en la reparación de la piel. Al aumentar su presencia en células madre mesenquimales, se potencia el efecto reparador de las sustancias que liberan estas células, lo que acelera el cierre de heridas y mejora la reorganización del tejido.
El estudio, publicado en la revista Scientific Reports, utilizó células madre mesenquimales humanas obtenidas de la gelatina de Wharton del cordón umbilical. Los investigadores las modificaron genéticamente para tener más o menos SPARC y compararon los resultados con células que expresan niveles normales de la proteína.
“Encontramos que al aumentar SPARC en células mesenquimales mejoró el efecto reparador de su medio de cultivo. En ratones, aceleró el cierre de heridas y favoreció una reorganización más avanzada del tejido”, explicó Carlos Luzzani, quien dirigió el trabajo cuando era investigador del CONICET y líder del programa de medicina regenerativa traslacional en FLENI.
Para llegar a estas conclusiones recolectaron las sustancias secretadas por las células y las probaron primero en cultivos de células humanas de la epidermis y del tejido conectivo de la piel. Luego, inyectaron esos medios en ratones con heridas y observaron tanto la velocidad de cierre como la estructura microscópica del tejido reparado.
SPARC, cuya sigla en inglés significa “proteína secretada ácida y rica en cisteína”, interviene en la regulación del colágeno y en la comunicación entre las células madre y el entorno que las rodea. Esto la convierte en un candidato prometedor no solo para cerrar heridas más rápido, sino para lograr una regeneración completa que devuelva una piel resistente y funcional.
Las heridas crónicas representan un problema importante de salud. Mala circulación, diabetes, desnutrición, sobrepeso, edad avanzada, deficiencia inmunológica o presión constante en una misma zona pueden hacer que una lesión quede abierta durante meses, con riesgo elevado de infecciones y complicaciones.
Antonella Lombardi, primera autora del estudio y doctora en Química Biológica, actualmente investiga en Salta cómo el entorno inflamatorio y metabólico causado por la obesidad afecta a estas células madre y contribuye al aumento de heridas crónicas. Su trabajo combina experimentos celulares con muestras clínicas para acercar futuras estrategias terapéuticas.
Los hallazgos abren la posibilidad de usar la modulación de SPARC como complemento en tratamientos para heridas asociadas a diabetes o quemaduras. Sin embargo, todavía quedan varios retos por resolver antes de que esto llegue a los pacientes.
Entre los principales desafíos, Luzzani mencionó la necesidad de identificar exactamente qué componentes del medio secretado generan el beneficio y en qué medida dependen directamente de SPARC. También es clave replicar los resultados en células de distintos donantes y en modelos que simulen mejor las condiciones clínicas reales, como diabetes, envejecimiento o problemas circulatorios.
Además, habrá que evaluar no solo el cierre de la herida sino también la resistencia, la calidad de la piel reparada y los efectos a largo plazo. Por último, será necesario transformar las preparaciones de laboratorio en productos que puedan fabricarse de manera estandarizada, con controles de composición, dosis, esterilidad y actividad biológica aptos para uso humano.
“La buena noticia es que ya existen avances experimentales en la fabricación controlada de derivados de células mesenquimales”, señaló Luzzani, quien hoy es cofundador y miembro del directorio de empresas de diagnóstico molecular y biotecnología.
Las células madre mesenquimales, presentes en médula ósea, tejido adiposo y cordón umbilical, tienen capacidad de autorrenovarse y diferenciarse en diversos tipos celulares. Además, liberan moléculas y vesículas que regulan la respuesta inmunitaria y los procesos de reparación tisular.
Este trabajo refuerza el potencial de la medicina regenerativa que se desarrolla en Argentina y marca un paso hacia terapias que podrían mejorar la calidad de vida de miles de personas que sufren heridas de cicatrización difícil.