Qué efectos tiene la glucemia en el cuerpo y por qué hay que controlarla de cerca
Los niveles de azúcar en sangre impactan directamente en la salud a largo plazo. Un especialista explicó cómo controlar la glucemia ayuda a prevenir patologías crónicas.
Mantener la glucemia bajo control es una de las herramientas más efectivas para evitar el desarrollo de enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2, problemas cardiovasculares y daños en órganos vitales. Así lo remarcó el médico Jorge Tartaglione en una entrevista reciente, donde insistió en la importancia de monitorear los niveles de azúcar en sangre de manera regular.
La glucemia es la cantidad de glucosa que circula en la sangre y que el cuerpo utiliza como principal de energía. Cuando estos niveles están demasiado altos de forma sostenida, se produce un estado conocido como hiperglucemia. Con el tiempo, esto puede dañar los vasos sanguíneos, los nervios y diferentes órganos. Por el contrario, una glucemia muy baja (hipoglucemia) genera síntomas inmediatos como temblores, confusión o pérdida de conocimiento.
Según el especialista, el control cercano de la glucemia permite detectar alteraciones antes de que se conviertan en patologías irreversibles. “Es una herramienta clave porque muchas personas no presentan síntomas evidentes hasta que el daño ya está avanzado”, explicó. Entre los efectos más comunes de una glucemia descontrolada se encuentran el cansancio crónico, la visión borrosa, las infecciones frecuentes y la lentitud en la cicatrización de heridas.
A largo plazo, los riesgos son más graves. El exceso de glucosa en sangre favorece el endurecimiento de las arterias, aumentando las chances de infartos y accidentes cerebrovasculares. También puede afectar los riñones (nefropatía diabética), los ojos (retinopatía) y el sistema nervioso periférico, causando dolor o pérdida de sensibilidad en las extremidades.
Tartaglione recomendó realizar controles periódicos, especialmente si hay antecedentes familiares de diabetes, sobrepeso u otros factores de riesgo. Las mediciones pueden hacerse en ayunas, después de las comidas o a través de estudios como la hemoglobina glicosilada, que refleja el promedio de los últimos tres meses.
Desde el punto de vista práctico, mantener la glucemia estable depende en gran medida de hábitos cotidianos: una alimentación equilibrada con bajo índice glucémico, actividad física regular, control del peso y evitar el sedentarismo. Estos cambios, según el médico, son más efectivos cuando se acompañan de un seguimiento médico personalizado.
En la Ciudad de Buenos Aires y el AMBA, donde el sedentarismo y el consumo de alimentos ultraprocesados son frecuentes, los especialistas observan un aumento en los casos de prediabetes. Por eso, el mensaje es claro: controlar la glucemia no es solo para quienes ya tienen diabetes, sino una medida preventiva que cualquier persona puede incorporar a su rutina.