Economía

Economía a dos velocidades: por qué no es una anomalía según un economista de Oxford

Sebastián Galiani explicó que la heterogeneidad actual es parte de una transición estructural hacia una economía especializada en recursos naturales. Si se sostiene, el país podría entrar en una etapa de fuerte crecimiento exportador.

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Planta de NRG Argentina
(CC BY-SA 4.0)

La discusión económica en la Argentina suele girar en torno a la “economía a dos velocidades”, la heterogeneidad del crecimiento y el atraso cambiario. Para muchos, estos son síntomas de un programa desequilibrado. Sin embargo, Sebastián Galiani, doctor en Economía por la Universidad de Oxford y exviceministro, propone una lectura distinta: lo que hoy se ve como un problema es en realidad una transición estructural necesaria.

Durante la conferencia anual de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), Galiani planteó que el país está dejando atrás una estructura que considera la peor de tres posibles. Según su clasificación, existen economías especializadas en recursos naturales (como Chile y Uruguay), economías industriales puras (como Alemania o China) y una intermedia, que combina ventajas naturales con un sistema corporativista proteccionista.

La Argentina quedó atrapada en esa segunda categoría desde 1943, alternando entre protección industrial y apertura sin lograr un cambio definitivo. Eso generó los conflictos distributivos que todos conocemos. Para Galiani, salir de ese modelo no es gratis ni rápido.

El economista mostró un gráfico que contrasta la producción de bienes de la vieja industria sustitutiva de importaciones con la de sectores exportables donde el país tiene ventajas comparativas. La apertura comercial y los precios internacionales desplazan recursos de unos a otros. Al principio, algunos sectores se contraen mientras otros crecen con fuerza. Eso explica la famosa “economía a dos velocidades”.

“Todo el mundo dice: ‘La economía anda mal, anda a dos velocidades; hay dos o tres sectores que crecen y otros que se contraen’. Pero ese es el proceso por el que tiene que pasar la Argentina si se va a especializar”, afirmó Galiani.

Para él, no se trata de un plan mal diseñado. Es un plan que, para funcionar, debe tener dos velocidades al comienzo. Una vez que la transición se complete, la llegada de inversiones permitiría acumular capital y expandir la producción en toda la economía.

Si el camino se sostiene, el futuro sería de “enorme crecimiento basado en las exportaciones de recursos naturales”, según sus palabras. El agro, la energía y la minería pasarían a ser el motor principal, tal como ocurrió en países vecinos que lograron completar la misma transformación.

¿Qué significa esto para tu bolsillo?

Mientras dura la transición, que Galiani estima en dos, tres o cuatro años, los impactos no se reparten de manera uniforme. Algunos sectores generan empleo y otros lo destruyen. Los precios relativos cambian. Los salarios y el consumo se mueven de forma desigual. El comerciante de Once lo siente en los márgenes, el asalariado en el poder de compra y el exportador en la competitividad.

En números, si la economía se especializa en lo que realmente sabe hacer, el crecimiento puede volverse más balanceado una vez superada la etapa inicial de ajuste sectorial. Pero hasta entonces, la heterogeneidad no es un bug, sino una feature del proceso.

Galiani rechazó las lecturas cortoplacistas que observan la coyuntura sin ver la transformación de fondo. Según él, el verdadero desafío es sostener la dirección del cambio para que la Argentina pueda pasar de la estructura dos a la estructura uno y volver a crecer de manera sostenida.

Si la tesis se cumple, el país dejaría de alternar entre modelos y consolidaría un esquema basado en sus ventajas comparativas reales. El resto dependerá de que la política acompañe y no vuelva a caer en el corporativismo proteccionista de las últimas ocho décadas.

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