El boom de los commodities que le dio aire a Argentina en 2026 puede frenarse en 2027
Buena cosecha, precios altos de energía y Vaca Muerta a pleno permitieron acumular u$s 16.000 millones. El Banco Mundial advierte que los precios generales caerían 7% el año próximo, aunque los alimentos seguirían subiendo.
El boom de los commodities le dio a la Argentina un viento de cola importante durante 2026. Una combinación de buena cosecha, precios internacionales favorables y Vaca Muerta produciendo a pleno generó un ingreso de dólares pocas veces visto en los últimos años.
Según el Banco Mundial, los precios de las materias primas subieron 23% este año después de tres años a la baja. El impulso vino principalmente de la energía (32% arriba), los alimentos (10%) y los metales que tocaron récords. Para un país que necesita dólares como Argentina, este shock externo fue clave.
El Banco Central acumuló compras netas por cerca de u$s 16.000 millones en lo que va de 2026. Las reservas netas ya superaron la meta acordada con el FMI por unos u$s 4.000 millones a junio. Ese superávit externo es uno de los pilares que el Gobierno usa para construir estabilidad financiera.
¿Qué significa esto para tu bolsillo y para el comercio?
Cuando suben los precios internacionales de soja, maíz, trigo o petróleo, las exportaciones rinden más dólares. Eso permite que el Central compre reservas y que el tipo de cambio se mantenga más estable. Para el comerciante que importa o el que vende en el mercado interno, también implica costos que después terminan remarcándose en góndola.
Pero el informe del Banco Mundial trae una advertencia clara: el índice general de commodities bajaría 7% en 2027. Después de este año excepcional, el viento de cola se convierte en viento de frente o, al menos, en una brisa más débil.
En energía, el petróleo Brent que promedia u$s 91 este año caería a u$s 79 el próximo. Sigue siendo un precio que permite que Vaca Muerta siga siendo rentable (necesita por encima de u$s 50-60 según los proyectos), pero el impulso se reduce. El supuesto es que no haya nuevas escaladas en Medio Oriente y que se normalicen los embarques desde el Mar Negro.
Los alimentos son la excepción: después del alza de 10% en 2026, subirían otro 7% en 2027. Si sube la soja o el maíz en Chicago, eso termina impactando –aunque no de forma automática– en los precios internos. El tipo de cambio, los derechos de exportación, los costos logísticos y los márgenes de la cadena determinan cuánto se traslada al súper.
En el mercado local ya se vio el efecto inverso: con precios internacionales más bajos, los productores retuvieron soja. Las operaciones a precio fijo cayeron de más de 600.000 toneladas semanales a menos de 300.000, y en la semana del 14 de octubre fueron solo 211.000 toneladas, por debajo del promedio histórico.
El desafío para la política económica
Argentina necesita usar esta ventana de buenos precios para acumular reservas, reducir vulnerabilidades y atraer inversiones que permitan generar dólares incluso cuando los commodities dejen de acompañar. Al mismo tiempo, el Gobierno busca consolidar la desinflación, que todavía no está ganada.
Si los precios internacionales suben, hay más dólares pero también presión sobre los precios internos de los alimentos. Si bajan, se complica la acumulación de reservas. El escenario ideal sería que estos dólares sirvan para construir una economía menos dependiente de los vaivenes externos.
El economista del Banco Mundial Ayhan Kose lo resumió así: los mayores costos de energía y las disrupciones en el comercio pueden agravar la inflación y la inseguridad alimentaria. La prioridad, según él, debe ser proteger a los sectores más vulnerables.
Traducido al lenguaje de quien tiene que remarcar precios el lunes: este año los commodities te trajeron algo de alivio vía reservas y tipo de cambio más calmo. El año que viene ese alivio puede ser menor. Por eso, cada dólar que entra ahora vale doble: hay que usarlo para construir bases que resistan cuando el viento cambie de dirección.