Ingresos Brutos: cómo eliminar el impuesto más odiado según cuatro economistas
Cuatro economistas de distintos sectores coinciden en que el IIBB genera distorsiones graves por su piramidación. Analizamos qué proponen para reemplazarlo y quién terminaría pagando el costo de la reforma.
El Impuesto sobre los Ingresos Brutos (IIBB) es, para buena parte de los empresarios, economistas y productores, el tributo más cuestionado del sistema argentino. Su piramidación hace que la carga se acumule en cada etapa de la cadena productiva y termine incorporada al precio que paga el consumidor final, sin que este lo vea discriminado como ocurre con el IVA.
Aunque representa unos 4 puntos del PBI (frente a los 7 del IVA), su impacto en los costos es mucho más dañino porque grava sucesivamente las mismas operaciones. Por eso, cada vez que se discuten reformas tributarias o se conocen datos de recaudación, vuelve a la mesa el debate sobre cómo eliminarlo o transformarlo.
El dilema de las provincias
El problema central es que se trata de una de las principales fuentes de recursos propios de las provincias. Eliminarlo de un día para el otro sin reemplazo generaría un agujero fiscal que muchas jurisdicciones no podrían absorber. Cristian Girard, director ejecutivo de ARBA, lo explica con claridad: “Corregir distorsiones no es lo mismo que eliminar el impuesto. Si se reduce sin alternativa, aparece el desfinanciamiento”.
Desde la Provincia de Buenos Aires, donde el IIBB es clave, han avanzado en medidas para mitigar sus efectos: menos retenciones y percepciones, devoluciones más rápidas de saldos a favor y herramientas para no inmovilizar capital de trabajo. Pero Girard es claro en que cualquier reforma profunda requiere dos condiciones: que la economía vuelva a crecer y que Nación y provincias acuerden cómo redistribuir los recursos. “No alcanza con que Nación impulse la baja; hay que discutir cómo se financian salud, educación, seguridad e infraestructura”, dice.
Las propuestas de Tetaz y Cachanosky
Martín Tetaz coincide en que el IIBB es “el impuesto más distorsivo” pero sobrevive porque es políticamente invisible. Nadie lo ve en la factura. Propone tres caminos: transformarlo gradualmente en un impuesto a las ventas finales (sacando la carga de industria, agro y transporte para concentrarla solo en el comercio), convertirlo en un IVA provincial o un esquema híbrido que combine eliminación en etapas intermedias con ajustes en la coparticipación.
Para Tetaz, la ley de coparticipación es el nudo que hay que desatar. Sin cambiarla, las provincias no tienen incentivos para reemplazar este tributo por otro menos dañino. “Nadie en las provincias va a sacrificar ingresos”, advierte.
Iván Cachanosky va en una dirección similar pero más ambiciosa. Su propuesta central es reemplazar directamente el IIBB por un Impuesto a las Ventas Finales de Consumo, que solo grave la operación con el consumidor final. Para que funcione, hay que rediseñar por completo la relación fiscal Nación-provincias: provincias pasarían a recaudar Ganancias de personas físicas, Bienes Personales, combustibles e Internos, mientras Nación se quedaría con IVA, Ganancias de empresas y derechos de exportación.
Cachanosky reconoce que un cambio de esta magnitud no se puede hacer de golpe. Propone un Fondo de Redistribución de Recursos (financiado con el impuesto a los combustibles) para que ninguna provincia pierda en la transición. Mientras se negocia, sugiere eliminar Sellos, excluir transacciones entre empresas del IIBB y armonizar alícuotas, empezando por las actividades primarias e industriales.
La mirada desde CEPA
Hernán Letcher, del Centro de Economía Política Argentina, cuestiona una de las ideas que más circula: el “super IVA”. Advierte que si cada provincia depende más de lo que recauda en su propio territorio, las jurisdicciones con menor actividad económica quedarían perjudicadas. Perderían parte de la redistribución actual y tendrían menos capacidad para cobrar una sobretasa al consumo.
Letcher prefiere avanzar hacia impuestos que graven la capacidad contributiva de las personas antes que profundizar los indirectos sobre el consumo. Coincide en que el IIBB es distorsivo, pero insiste en que cualquier reemplazo debe preservar el mecanismo redistributivo entre provincias.
Qué coinciden y qué falta
Los cuatro analistas parten de lugares ideológicos distintos pero comparten varios puntos: nadie propone derogar el IIBB de un plumazo sin reemplazo; todos reconocen que la piramidación es el principal problema; y la mayoría coincide en que la solución pasa por desplazar la carga hacia la venta final.
La dificultad no está en el diseño técnico —que parece relativamente claro— sino en la política: quién recauda, quién resigna recursos y cómo se compensa a las provincias que perderían con el nuevo esquema. Sin un acuerdo amplio sobre coparticipación y distribución de recursos, el impuesto más odiado va a seguir acumulándose en los precios que pagamos todos los lunes cuando remarcamos la mercadería.
En números
- IIBB representa aproximadamente 4 puntos del PBI.
- IVA recauda cerca de 7 puntos del PBI.
- La carga del IIBB se multiplica a lo largo de la cadena productiva antes de llegar al consumidor final.
Traducido: cada vez que compras algo, parte de lo que pagás son impuestos provinciales que se fueron sumando desde que la materia prima salió de la fábrica o del campo. El comerciante de Once lo sabe mejor que nadie: ese costo termina en el precio de góndola y reduce el margen o se traslada completo al cliente.