Sin Nucha: la icónica pastelería de garage de los ’90 busca reinventarse en el interior
Con 17 locales y un plan de franquicias, la empresa familiar busca crecer en el interior del país para compensar la caída del consumo en Buenos Aires.
La emblemática cadena Sin Nucha, que empezó como una pastelería casera en un garage en los años 90, encara un proceso de reinvención para enfrentar la retracción del consumo que afecta al sector en la Ciudad de Buenos Aires y el AMBA.
En números: la compañía cuenta actualmente con 17 locales y avanza con un plan de expansión a través de franquicias, con foco principal en ciudades del interior del país. El objetivo es diversificar su presencia geográfica y reducir la dependencia de un mercado porteño que viene golpeado por la inflación y la pérdida de poder adquisitivo.
Traducido al lenguaje del comerciante: cuando el cliente porteño estira el peso y reduce las compras de facturas, medialunas o tortas, el margen del negocio se achica rápido. Por eso, la estrategia pasa por abrir nuevos puntos en plazas donde el consumo todavía responde mejor o donde la competencia es menor.
Según informó El Cronista, la marca nacida como un emprendimiento familiar busca capitalizar su imagen de calidad artesanal para crecer en el interior. La pastelería “de garage” se transformó con el tiempo en una cadena reconocida, pero ahora necesita refrescar su propuesta para atraer a nuevos consumidores.
El contexto macro no ayuda: la inflación acumulada en lo que va de 2026 sigue presionando los costos de materias primas como harina, huevos, chocolate y manteca, mientras que los salarios no terminan de recuperarse al mismo ritmo. En este escenario, muchos vecinos del AMBA recortaron gastos en productos no esenciales como la pastelería fina.
¿Qué significa esto para el bolsillo del consumidor? Los precios de los productos de Sin Nucha, al igual que los de otras confiterías, subieron fuerte en los últimos meses. Una docena de facturas que hace un año salía $4.500 hoy ronda los $9.000 o más, según la sucursal. Por eso, la marca apuesta a locales en ciudades del interior donde el ticket promedio puede ser más accesible y el volumen compensa.
El plan de franquicias es clave en esta etapa. La empresa ofrece a inversores la posibilidad de abrir locales bajo el modelo probado de Sin Nucha, con know-how en producción y atención al cliente. De esta forma, acelera la expansión sin tener que invertir todo el capital propio en cada nuevo punto de venta.
Para ponerlo en contexto: en un año donde el consumo masivo cayó alrededor del 10-15% en varios rubros, las cadenas que logran salir del AMBA tienen más chances de mantener sus números. El interior aparece como una válvula de escape para muchas marcas de alimentos y bebidas premium que antes concentraban casi todo su negocio en Capital y Gran Buenos Aires.
Desde la compañía señalan que la reinvención también pasa por actualizar la oferta: sumar productos más accesibles, opciones saludables o formatos más prácticos para delivery y take away. La idea es no perder la esencia artesanal que la hizo famosa desde los ’90, pero adaptarse a lo que pide el cliente de 2026.
Si la estrategia funciona, Sin Nucha podría sumar varios locales más antes de fin de año, principalmente en ciudades de Córdoba, Santa Fe, Mendoza y el litoral. El desafío será mantener la calidad y los estándares que la convirtieron en una pastelería icónica mientras crece a través de franquicias.