Sube el riesgo país. Perspectivas para 2019

La semana cerró con un sobre costo de la deuda pública de más de ocho por ciento anual en dólares estadounidenses que un bono del Tesoro de los Estados Unidos. Causas y esperanzas

Del mismo modo que los chefs con el aceite, el ajo y el tomate al preparar la salsa, los técnicos del FMI tienen 3 ingredientes básicos en sus recetas de ajuste: reforma previsional; desregulación del mercado de trabajo y rebaja de subsidios a los servicios públicas.

Por si acaso hacía falta, el dogma quedó de nuevo probado en el informe con el que aprobaron la segunda revisión del pacto stand by en vigencia y habilitaron un nuevo desembolso por USD siete mil seiscientos millones, que se sumaron a los más de USD veinte millones de los dos primeros giros, desde el momento en que se firmó el primer pacto.

Hubo visto bueno a la marcha del nuevo esquema monetario y disparó el tercer desembolso, mas el informe es claro en demandar las 3 tradicionales demandas de sus programas de ajuste: cambios en el sistema jubilatorio y incremento de tarifas para achicar el déficit fiscal, y flexibilización laboral para favorecer la competitividad del ámbito privado.

Mas allá de lo escrito, los técnicos del Fondo y cualquiera que analice con un mínimo de los pies en el suelo la realidad argentina sabe que el Gobierno no está en condiciones políticas de enfrentar ninguna de esas demandas en lo que queda de su orden.

En cualquier caso, el interrogante que queda abierta es si ¿el próximo Presidente deseará y va a poder procurar cumplir con los condicionamientos de un pacto que se alargará alén del próximo diez de diciembre?. Pregunta que el día de hoy es imposible de contestar por la simple razón de que el resultado de la elección es una incógnita tan grande como la coyuntura económica en la que aceptará el próximo presidente.

En cualquier caso, lo precedente está supeditado a una serie de cuestiones que provocan preguntas considerablemente más urgentes que van a ser determinantes del resultado electoral.

Dejando a un lado especulaciones nada intrascendentes sobre candidaturas, una
primera pregunta es si la economía va a salir de la severa recesión en la que está, y caso de que eso ocurra, exactamente en qué instante, de qué forma, y con qué magnitud.

Derrumbe de los costos de los bonos y picos de desempeño

Ninguna de esas dudas es independiente de lo que sucede con el derrumbe de los títulos públicos y el coherente incremento del peligro país, que cerró la semana en ochocientos veintidos puntos básicos, lo que quiere decir que el costo del financiamiento para el campo público local más que tresdobla el desempeño del bono del Tesoro de los U.S.A. (debería abonar prácticamente once por ciento anual contra una tasa del bono a diez años que no llega al tres por ciento ), y también implica en la práctica la imposibilidad de recurrir a tasas razonables a otro endeudamiento que no sea el del Fondo Monetario Internacional.

Fue el propio Fondo Monetario Internacional quien mostró con más claridad que este inconveniente no es consecuencia de ninguna tormenta externa sino más bien una alarmante peculiaridad argentina. Publicó esta semana en su weblog oficial el ranking de los mayores aumentos que se registraron en lo que va del año en el peligro país: excluyendo a Venezuela que quedó fuera del radar, la Argentina encabeza la lista con un aumento de prácticamente cuatrocientos puntos básicos, seguido de lejos por Turquía con ciento cincuenta, y por Paquistán, México y Suráfrica con un levanta de cerca de cien. En Brasil, Chile, Colombia y Perú, el peligro país subió en dos mil dieciocho menos de cincuenta puntos.

Aparte de clausurarle el acceso al crédito internacional al Estado y a las grandes empresas (el ejemplo más reciente es la suspensión de proyectos del esquema de Programa de Propiedad Participada), la zozobra que produce ese maldito indicador aguza la inseguridad general, lo que impide que el Banco Central acelere la reducción de las tasas de interés del mercado local por temor a alentar una mayor demanda de dólares americanos y un rebote inflacionario.

Y con las tasas de interés actuales (los adelantos de cuenta bancaria promediaron sesenta y cinco por ciento anual, los préstamos personales sesenta y tres por ciento , y para descuento de talones o bien saldos impagos préstamos y de tarjetas de crédito se llega a número de 3 dígitos), la producción y el consumo se resiente todavía más.

Como es natural que las super tasas provocaron que se disparasen los depósitos. Con tasas promedio del cuarenta y siete por ciento anual para montos chicos y medianos y del cincuenta por ciento o bien más para dinero grande, las colocaciones a plazo fijo por la parte de privados ya rozan el billón de pesos, un setenta con cinco por ciento más que hace un año.

Brota ineludible otra pregunta: ¿cuánto de esos fondos van a buscar cobertura en dólares estadounidenses conforme se acerquen las elecciones? La demanda potencial de ese billón de pesos son veinticinco millones de dólares americanos.

En este terreno los datos de la balanza comercial de noviembre lanzaron un dato positivo. Por vez primera, las exportaciones reaccionaron sensiblemente a la depreciación, con un incremento interanual del catorce con cinco por ciento , que incluyó un aumento del trece con cuatro por ciento en las cantidades exportadas de manufacturas de origen industrial, y del cincuenta y cuatro por ciento en el volumen exportado de comburente y energía.

Mas ese dato positivo no vino solo. Las importaciones se desmoronaron un veintinueve con dos por ciento en valor por la caída en treinta y cuatro con cuatro por ciento en cantidades, y baja de más del cuarenta por ciento en recursos de capital. Lo que se afirma un brutal ajuste del campo externo, que así como el menor gasto en turismo en el exterior están calmando el mercado cambiario.

La enorme duda y miedo que queda, entre otros muchos, es qué va a pasar en dos mil diecinueve con la demanda de dólares americanos por la parte de empresas y también individuos con excedentes.

Esa es el interrogante del millón. Y quizás el interrogante que defina la elección.