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Economía, Campo y Producción

HABLEMOS DE MARKETING PERSONAL

Sea cual fuere su ocupación Todos deberíamos utilizar las aplicaciones del marketing personal, así conseguiremos diferenciarnos de los demás.

¿De qué se trata entonces esta disciplina? La misma incluye estrategias de venta de nuestra propia imagen, dirigidas a tener una mejor proyección en la vida personal y laboral. Observa al ser humano desde su apariencia física, personalidad, metas, relaciones, su modo de vivir y a través de la definición de un plan de marketing proyecta la imagen que deseamos. Es el concepto que cada persona es capaz de proyectar de sí misma al resto de la sociedad, como si fuera una construcción en la cual Nosotros somos los arquitectos.

Para poder realizar nuestro marketing personal, hay que conocer el “producto”, en este caso a nosotros mismos, para mostrarle a los demás nuestra mejor versión. No se trata de engañar, o inventar, sino que hay que resaltar nuestras fortalezas y valores.

Para poder realizar la misión personal hay que aprender a venderse uno mismo. Hay que sumarle a nuestros conocimientos y títulos obtenidos credibilidad y capacidad persuasiva.

Podemos comparar lo dicho con la venta de un producto, las empresas a través de la comunicación resaltan los mejores atributos que los distingue de la competencia, sino no estarían logrando una ventaja diferenciadora.

En lo posible siempre hay que comunicar todo lo positivo que realizamos, ya que si se presentan dos personas iguales, el que se venda mejor obtendrá el empleo, el negocio o el objetivo que se presentase en ese momento. No hay que vender solo lo que uno es, también hay que estar seguro de lo que uno dice y como lo dice. El marketing personal no comienza desde la oratoria sino en la escucha, ya que el que habla sin escuchar se arriesga a decir lo que al otro no le interesa o bien rechaza.

Para ponerlo en práctica por ejemplo en la búsqueda de un empleo debemos:

Construir nuestra propia imagen: La imagen se crea a partir de todos los elementos de comunicación que nos rodean: cómo vestimos, hablamos, miramos, escribimos, gesticulamos y actuamos. Todo esto se debe combinar de forma coherente.

Algunos errores que solemos cometer son: Vender una imagen de persona seria y responsable y llegar tarde a la entrevista de selección, así estaremos demostrando que somos desorganizados. Decir que nuestro punto fuerte es el trato con los clientes y luego enviarles un mail en tono coloquial y con faltas de ortografía. Tampoco tendría sentido que destacáramos nuestra gran autoconfianza y mientras lo hacemos no estemos mirando al entrevistador a los ojos.

Escuchar activamente: Hay que prestar mucha atención a lo que afirma y pregunta el entrevistador y saber interpretarlo: qué quiere de mí, qué necesita.

Analizar el metamodelo de lenguaje: consiste en estudiar cómo se expresa el entrevistador. Qué palabras utiliza repetidamente, en qué ideas insiste, qué tipo de preguntas hace. Eso nos ayudará a deducir lo que realmente le importa (las personas, los resultados económicos, el trabajo bien hecho).

Utilizar la técnica del acompasamiento: aquí además de observar hay que copiar. Deberemos imitar con tacto (nunca debe parecer una burla) los movimientos, la gesticulación y el tono de voz del entrevistador. El objetivo es alinearnos con su estilo de comunicación. Con esto no conseguiremos el empleo, pero por lo menos no lo perderemos por no mantener un diálogo a la altura del selector.

Observar el entorno: Aprovechar los minutos de espera en la recepción de la empresa o en el despacho del entrevistador pueden aportarnos información interesante. La decoración, la edad y la forma de vestir del personal, los libros, las revistas o el periódico que el seleccionador tiene sobre la mesa dicen mucho de él. Hay que interpretar todo esto, pero sin dar nada por sentado, sólo tenemos indicios.

También debemos resaltar: la comunicación eficaz, la empatía, el trabajo en equipo, el espíritu colaborador, la flexibilidad antes los cambios, la autogestión, la proactividad, la resolución de problemas, entre otras habilidades requeridas en el mercado laboral.

La propia imagen se construye poco a poco, pero empieza con los detalles y por mucho que la cuidemos, si no somos naturales, sinceros y respetuosos con nuestros interlocutores, nunca nos tomarán en serio. Sólo la gente ‘sanamente ambiciosa’ puede obtener resultados éticos y duraderos cuando se vende a sí misma.

El marketing personal nos ayuda a lograr nuestras metas personales y profesionales, debemos considerarla como una herramienta aliada que debe ser utilizada en cualquier momento de nuestras vidas.

Entonces recuerde que sólo Nosotros somos responsables de la imagen que queremos transmitir a los demás y de la toma de decisiones, en consecuencia, la percepción que las personas tengan de nosotros será fruto de la adecuada combinación de lo expresado en este artículo.

Hasta el próximo encuentro.

Lic. Gabriel Fasento.

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