El gramscismo de derecha: cómo los conservadores adoptan estrategias de Gramsci en Europa
Una tendencia silenciosa en el Viejo Continente muestra a sectores conservadores y de derecha utilizando las ideas de hegemonía cultural del marxista italiano Antonio Gramsci, más allá de las elecciones.
Una revolución silenciosa recorre Europa. Lo que antes era el manual predilecto de las agrupaciones de izquierda radical, las estrategias del marxista italiano Antonio Gramsci, ahora son utilizadas por conservadores para ir más allá de meros resultados en las urnas.
El concepto de hegemonía cultural, central en el pensamiento de Gramsci, propone que el poder real no se ejerce solo desde las instituciones estatales, sino a través del control de la cultura, la educación, los medios y las narrativas sociales. Durante décadas, partidos y movimientos de izquierda lo aplicaron para transformar sociedades desde abajo. Hoy, una nueva generación de pensadores y líderes de derecha lo está replicando con éxito en varios países del continente.
En Italia, donde Gramsci nació y militó, el gobierno de Giorgia Meloni ha impulsado políticas que buscan recuperar una identidad nacional y cultural conservadora. Desde la promoción de valores tradicionales en las escuelas hasta un discurso que critica el multiculturalismo, el Ejecutivo busca construir una contrahegemonía que compita con el progresismo dominante en universidades y medios.
En Francia, el partido Reagrupación Nacional de Marine Le Pen y figuras como Éric Zemmour han hecho foco en la batalla cultural. No se limitan a proponer políticas migratorias más duras: disputan el relato sobre la historia francesa, la laicidad y el rol de la familia. Influencers y think tanks conservadores multiplican su presencia en redes y debates públicos.
Alemania no es ajena a esta tendencia. El partido Alternativa para Alemania (AfD) ha crecido no solo por críticas a la inmigración, sino por cuestionar lo que llaman “doctrina verde” y “corrección política” en instituciones educativas y culturales. Su estrategia incluye la creación de medios alternativos y la formación de cuadros jóvenes con una visión conservadora de la historia y la identidad.
España también muestra ejemplos claros. Vox ha puesto énfima en la defensa de la unidad nacional, la tradición y los valores católicos frente a lo que describe como “ideología de género” y “memoria histórica sesgada”. Su trabajo en redes, think tanks y presencia en festivales y debates culturales sigue el manual gramsciano de ocupar espacios que antes monopolizaba la izquierda.
¿Qué significa exactamente este “gramscismo de derecha”? Según analistas, se trata de entender que las victorias electorales son efímeras si no se conquista el sentido común de la sociedad. Por eso, estos movimientos invierten en medios, educación, arte y lenguaje. Buscan que sus ideas de nación, familia, mérito y tradición dejen de ser marginales y se conviertan en el nuevo sentido común.
Esta aproximación genera polémica. Críticos de izquierda la ven como una apropiación cínica de un pensador marxista. Desde la derecha más liberal, algunos advierten que puede derivar en autoritarismo cultural. Sus defensores responden que simplemente están aplicando las reglas del juego que la izquierda usó durante décadas.
El fenómeno no se limita a Europa. En Estados Unidos, figuras como Tucker Carlson o movimientos como el de los “postliberales” muestran afinidades similares. Sin embargo, el epicentro actual está en el continente donde Gramsci escribió sus Cuadernos de la cárcel.
Lo cierto es que la batalla ya no se libra solo en las urnas. Los conservadores europeos están jugando una partida más larga: la de las ideas, los valores y la cultura. Y, por ahora, parecen estar ganando terreno en varios frentes.
Este cambio de paradigma obliga a repensar categorías políticas tradicionales. La derecha ya no es solo económica o institucional: se vuelve cultural y metapolítica. Una transformación que, silenciosa pero efectiva, está reconfigurando el mapa ideológico europeo.