Ni una dieta ni restricciones: el cambio de hábitos que realmente mejora el peso y la salud
Expertos coinciden en que las dietas restrictivas suelen fallar a largo plazo. Un enfoque basado en modificar hábitos cotidianos resulta más efectivo para bajar de peso y mejorar la salud general de manera sostenible.
Cambiar de hábitos en lugar de seguir dietas restrictivas es la clave para lograr un peso saludable y mejorar la salud a largo plazo, según coinciden nutricionistas y especialistas consultados por Infobae.
Para ubicarse en el contexto argentino, donde el sobrepeso y la obesidad afectan a más del 60% de la población adulta según datos del Ministerio de Salud, las dietas milagrosas o restrictivas generan un efecto rebote en la mayoría de los casos. En cambio, pequeños ajustes sostenibles en la rutina diaria logran resultados más duraderos.
"No se trata de contar calorías obsesivamente ni de prohibirse alimentos, sino de incorporar conductas que se mantengan en el tiempo", explica la licenciada en Nutrición Carolina Pérez, quien trabaja con pacientes en consultorios de Palermo y Belgrano.
Entre los cambios más efectivos figuran: incorporar movimiento diario (aunque sean caminatas de 30 minutos), mejorar la calidad del sueño, prestar atención a las señales de hambre y saciedad, y aumentar el consumo de verduras y frutas sin eliminar grupos enteros de alimentos.
Un estudio publicado en la revista The Lancet demostró que las personas que modificaron sus hábitos gradualmente mantuvieron la pérdida de peso después de dos años, mientras que el 80% de quienes hicieron dietas estrictas recuperaron el peso perdido.
En Argentina, donde el sedentarismo es alto especialmente en grandes ciudades como Buenos Aires, los especialistas recomiendan empezar por cosas simples: reemplazar parte del tiempo frente a pantallas por actividad física, organizar las comidas para evitar picoteos constantes y beber más agua en lugar de bebidas azucaradas.
"El problema de las dietas es que generan una mentalidad de 'todo o nada'. Cuando uno se salta una regla, siente que fracasó y abandona", señala la médica especialista en obesidad Laura Maffei. "El cambio de hábitos construye una relación más sana con la comida y con el propio cuerpo".
Para quienes buscan resultados concretos, los expertos sugieren fijar objetivos pequeños y medibles: caminar 8.000 pasos por día, incluir verdura en almuerzo y cena, o dormir al menos 7 horas. Estos microcambios, acumulados, generan un impacto mayor que cualquier restricción temporal.
Desde el punto de vista psicológico, modificar hábitos también ayuda a reducir el estrés relacionado con la comida, un factor que en muchos casos lleva a comer emocionalmente. Técnicas como el mindfulness aplicado a las comidas están ganando terreno en los consultorios porteños.
Lo que se sabe hasta ahora es que la sostenibilidad es el factor clave. Un cambio que no se pueda mantener durante años no sirve. Por eso los profesionales insisten en personalizar las recomendaciones según el estilo de vida de cada persona, sus horarios laborales y su entorno familiar.
En un país donde la tradición gastronómica es fuerte -desde los asados hasta las facturas de la merienda- el desafío es mayor, pero también es posible. Se trata de encontrar un equilibrio que respete tanto la salud como el placer de comer.
Las autoridades sanitarias argentinas vienen promoviendo desde hace años campañas que van en esta línea, aunque todavía predominan en los medios las promesas rápidas de las dietas milagro. Los especialistas coinciden: la verdadera transformación viene de adentro y se construye día a día con hábitos consistentes.