Sociedad

A 40 años del crimen de Lino Palacio y su esposa: puñaladas, lazos familiares y una asesina con sombrero de

El 14 de junio de 1985, Lino Palacio y su mujer fueron asesinados a puñaladas en su casa de Palermo. El caso, que involucró a la nuera como principal sospechosa, sigue sin resolver del todo cuatro décadas después.

Publicado el 5 de julio de 2026, 04:30 hs

El 14 de junio de 1985, en un departamento de la calle Austria al 2300, en el barrio de Palermo, Lino Palacio de 68 años y su esposa María Esther Rave de 64 fueron encontrados muertos. Los cuerpos presentaban múltiples puñaladas. El caso conmocionó a la ciudad y, 40 años después, sigue generando preguntas que nunca tuvieron respuesta clara.

Según la investigación de la época, el matrimonio fue atacado durante la madrugada. Los vecinos alertaron a la policía tras escuchar gritos y ruidos extraños. Cuando los agentes entraron, se encontraron con una escena dantesca: sangre en las paredes, muebles revueltos y los dos cuerpos en el dormitorio principal. El informe forense habló de más de 20 puñaladas en cada uno.

Lo que convirtió al caso en uno de los crímenes más recordados de los '80 fue el vínculo familiar con la principal acusada. La nuera del matrimonio, una mujer llamada Nélida “Nelly” Fernández, fue detenida semanas después. Tenía 38 años y mantenía una relación tensa con sus suegros. Según testigos, había discusiones frecuentes por temas de dinero y herencia. Fernández fue vista saliendo del edificio esa misma noche, y en su declaración inicial dio versiones contradictorias.

Uno de los detalles que más impactó en la prensa de entonces fue el sombrero de cowboy que supuestamente usaba la acusada esa noche. Un testigo la describió saliendo del edificio con un sombrero claro de ala ancha, algo que le dio al caso un tinte casi cinematográfico. Durante el juicio, ese sombrero se convirtió en pieza clave: la defensa argumentó que era imposible que alguien cometiera un doble homicidio y saliera caminando con un accesorio tan llamativo sin ser vista por más vecinos.

La causa tuvo varias idas y vueltas. Fernández fue procesada por doble homicidio calificado, pero en 1988 el Tribunal Oral la absolvió por falta de pruebas contundentes. El móvil nunca quedó del todo claro: se habló de una herencia que Lino Palacio pensaba dejar a una fundación, lo que habría generado una fuerte disputa con su hijo y nuera. El hijo, por su parte, siempre mantuvo que su mujer era inocente y que el verdadero culpable nunca fue buscado.

A 40 años del hecho, el caso sigue abierto en la Justicia, aunque sin actividad concreta. Familiares lejanos y periodistas que siguieron la investigación coinciden en que hubo fallos en la recolección de evidencia en la escena del crimen. En los '80 la pericia forense era mucho más rudimentaria, y varios indicios (huellas dactilares, manchas de sangre en la ropa de la nuera) no fueron analizados con la tecnología actual.

Vecinos del edificio de Austria al 2300, consultados informalmente en los últimos años, recuerdan que durante meses el lugar estuvo lleno de curiosos. Con el tiempo, el edificio cambió de dueños y la mayoría de los que vivían ahí en 1985 ya no están. Sin embargo, cada tanto alguien sube a las redes una nota vieja del caso y vuelve a circular la foto del sombrero de cowboy que, para muchos, se transformó en el símbolo de un crimen que nunca se resolvió del todo.

Si bien la Justicia absolvió a Nelly Fernández, la opinión pública nunca terminó de cerrarlo. El hijo del matrimonio falleció años después sin que se supiera la verdad. Hoy, con las nuevas técnicas de ADN y reexamen de pruebas, algunos familiares volvieron a pedir que se reabra la investigación. Hasta ahora, no hubo respuesta formal.

El caso de Lino Palacio y su esposa es uno de esos crímenes que marcan a una ciudad. No solo por la brutalidad, sino porque involucró lazos familiares que se rompieron de la peor manera. Cuarenta años después, el sombrero de cowboy sigue siendo un detalle que aparece en cada nota que se publica. Como si, de alguna forma, todavía esperáramos que alguien entre por la puerta y cuente qué pasó realmente esa noche en Palermo.

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