Sociedad

Propaganda antiargentina y dos impostores: la victoria y la derrota

Un recorrido por cómo se construyen narrativas de triunfo y fracaso en la Argentina actual, entre memes, foros y discursos que simplifican realidades complejas.

Publicado el 21 de julio de 2026, 21:20 hs

Carteles y pantallas con frases polarizadas de victoria y derrota en una calle porteña
El Cronista

Hay algo en el aire de Buenos Aires que huele a victoria anunciada o a derrota irremediable, según a quién le preguntes. En los últimos meses, las redes y los grupos de WhatsApp se llenaron de narrativas que pintan el presente como un antes y después definitivo. De un lado, la “victoria” que algunos celebran como un cambio histórico; del otro, la “derrota” que otros viven como un retroceso irreversible.

Lo curioso es que ambas parecen impostoras. No porque los hechos no existan —la inflación que baja, las tarifas que suben, las protestas que se multiplican—, sino porque la forma en que se empaquetan recuerda más a propaganda que a análisis. En foros de internet profundo, donde la gente habla sin filtro, se ve con claridad: hay un cansancio con las binarias.

Tomemos la “victoria”. Aparece en hilos de X y en lives de YouTube como un trofeo colectivo. Se menciona el superávit fiscal, la baja de la inflación mes a mes y la idea de que “por fin alguien está haciendo lo que había que hacer”. Pero si uno raspa un poco, como hace cualquier lector atento de los foros de Reddit en español, aparece el costo humano: jubilados que ajustan el presupuesto con la luz, pymes que cierran antes de tiempo, barrios donde la comida se vuelve lujo. La victoria, entonces, tiene sabor a derrota para muchos.

Del otro lado está la “derrota”. La que se cuenta en asambleas barriales, en columnas de opinión y en los grupos de Telegram de la militancia. Acá el relato es de retroceso democrático, de ajuste que castiga a los de abajo y de un gobierno que gobierna para pocos. También aquí hay verdad: hay despidos en el Estado, hay obras públicas paradas y hay una sensación de que el futuro se achica. Pero el relato a veces se vuelve tan monolítico que ignora cualquier dato que no encaje: la gente que celebra poder ahorrar en dólares, el turista que vuelve a ver Buenos Aires más barata, el emprendedor que encuentra en el caos una oportunidad.

Lo que une a estas dos impostoras es la propaganda. No la burda de los 70, sino la contemporánea: memes que simplifican, videos de 15 segundos que omiten contexto, hilos de 40 tuits que parecen tesis pero son consignas. Internet, que según Susan Sontag debería ser un espacio de análisis, se convirtió en un amplificador de emociones binarias. Y la Argentina, con su tradición de polarización, es terreno fértil.

Hay un detalle que casi nadie cuenta: la mayoría de los porteños que uno cruza en el subte o en la cola del supermercado no vive ninguna de las dos narrativas puras. Viven en gris. Celebran que la inflación baje pero maldicen el aumento de las boletas. Critican los recortes pero reconocen que algo había que cortar. Esa ambivalencia, sin embargo, no genera clics. No genera likes. No genera la adrenalina que sí dan la victoria absoluta o la derrota épica.

En los márgenes de internet —esos foros viejos que todavía resisten—, hay una conversación más interesante. Usuarios anónimos que mezclan referencias a Puig con análisis de la balanza comercial, que citan a Borges mientras hablan de tarifas y que se preguntan si no estaremos repitiendo ciclos que ya vimos en los 90 y en 2001. Ahí aparece la verdadera curiosidad: ¿y si ni la victoria ni la derrota son lo que parecen? ¿Y si son solo herramientas narrativas para mantenernos divididos mientras la realidad, terca, sigue siendo más compleja?

La próxima vez que veas un tuit que declara el fin de una era o el comienzo de una nueva, vale la pena preguntarse quién gana con esa historia. Porque en la Argentina de 2025, la verdadera derrota sería creer que todo se reduce a dos bandos. Y la verdadera victoria, aprender a mirar más allá de la propaganda.

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