Contrabando: el Gobierno pierde u$s 2.855 millones en 2026 y se frenan 11.300 empleos
Según un informe de MAP Latam, el contrabando y la subfacturación representan el 0,4% del PBI. Los sectores más afectados son juguetes, yerba y celulares, con fuerte impacto en la recaudación y en la creación de puestos formales.
El contrabando y la subfacturación siguen creciendo en la Argentina y ya representan una pérdida de recaudación estimada en u$s 2.855 millones para 2026, según un relevamiento de MAP Latam sobre 15 sectores con datos verificables.
Esa cifra equivale al 0,4% del PBI. Para ponerlo en contexto, es el 160% de lo que recauda el impuesto a los Bienes Personales, el 10% de lo que ingresa por Ingresos Brutos o el presupuesto necesario para mantener unas 2.400 escuelas.
El estudio muestra que el fenómeno se consolidó como estructural. Incluso con la caída de la demanda interna, el contrabando no cedió. Un ejemplo claro es el sector de neumáticos: bajó el consumo aparente pero igual subió el ingreso ilegal.
En números
En 2025 la pérdida estimada había sido de u$s 2.300 millones, pero ese cálculo incluía el rubro cervezas, que explicaba casi u$s 1.100 millones y fue excluido del relevamiento de este año. Aun así, la cifra total subió.
Los impactos no se limitan a lo fiscal. El informe calcula que el contrabando frenó la creación de al menos 11.300 puestos de trabajo formales. Si la mercadería ilegal se fabricara en el país, solo en siete sectores que en 2025 empleaban a 51.500 personas se podrían haber sumado 22% más de empleos en 2026.
Los mayores efectos se ven en juguetes (2.600 empleos perdidos) y yerba (3.400). También hay impacto fuerte en calzado, celulares y otros bienes de consumo masivo.
Qué sectores están más afectados
La incidencia del contrabando no es la misma en todos los rubros. Llega al 85% en perfumes árabes, 40% en celulares y 33% en juguetes. En el otro extremo están calzado deportivo, neumáticos y cigarrillos, con alrededor del 11%.
Además de la pérdida de recaudación y empleo, el informe alerta sobre los riesgos para los consumidores: muchos productos ingresados ilegalmente no pasan controles sanitarios, de calidad ni de seguridad. En juguetes esto es especialmente grave, y también hay problemas de fraude en garantías.
El trabajo se basó en datos de consumo aparente cruzados con información de cámaras sectoriales como la de Calzado, la Cámara de la Industria del Juguete, ARCA, INDEC y cámaras de celulares, entre otras.
Argentina, mal posicionada a nivel mundial
Juan Pablo Ronderos, director de MAP Latam, señaló que el país mantiene los peores indicadores regionales en materia de control del comercio ilícito. En el ranking TRACIT Illicit Trade Index de 2025, que mide 158 países, Argentina ocupa el puesto 120 (el último es el de mayor incidencia). También figura 16° en el índice de criminalidad organizada asociada al comercio ilegal de la Global Initiative.
Ronderos, que respalda la apertura comercial, advirtió que en algunos puntos se avanzó en una desregulación exagerada. Se dejó de lado veedores sectoriales y valores criterio, y Argentina se atrasó en controles de valor, inspección y medición de resultados. Cumple solo parcialmente varios de los siete estándares internacionales de control aduanero que se exigen en Europa y Estados Unidos, algo que también se evalúa de cara a la OCDE, organismo al que aspira a sumarse.
Qué se puede hacer
Los sectores productivos piden mayor control sobre las ventas online, combinado con el trabajo conjunto con las cámaras para detectar comercio ilegal. Según el informe, ese es uno de los caminos que el Gobierno ya empezó a recorrer con algunos acuerdos recientes.
Para el bolsillo de las familias y para las empresas que compiten con productos legales, el contrabando no es un problema abstracto: significa menos empleo formal, menos recaudación para el Estado y productos que muchas veces no cumplen las normas mínimas de seguridad.
Si la tendencia se mantiene, los analistas de MAP estiman que el fenómeno seguirá consolidándose como estructural más allá de los vaivenes de la economía doméstica.