Economía

Lo que Argentina pierde por no integrar el Tratado de Patentes

El país se mantiene fuera del Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT) desde hace décadas. Qué oportunidades económicas, científicas y de inversión se pierden por esta decisión.

Publicado el 8 de julio de 2026, 19:10 hs

Mapa mundial con Argentina resaltada en rojo y flechas que indican patentes y conexiones globales
El Cronista

Argentina es uno de los pocos países medianos que aún no forma parte del Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT), un sistema internacional que simplifica el registro de invenciones en más de 150 naciones.

Para ubicarse: el PCT, administrado por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), permite a los inventores presentar una sola solicitud internacional que luego puede extenderse a los países miembros sin tener que iniciar trámites separados en cada uno. Esto reduce costos, tiempos y complejidades administrativas.

Desde la perspectiva local, la ausencia de Argentina en este mecanismo genera una desventaja competitiva clara. Empresas tecnológicas, startups de biotecnología, centros de investigación y universidades argentinas deben afrontar procesos más caros y lentos para proteger sus innovaciones en el exterior. Esto desincentiva la inversión en I+D y limita la posibilidad de licenciar tecnologías a escala global.

Según datos de la OMPI, los países que adhieren al PCT ven un aumento significativo en el flujo de solicitudes de patentes provenientes de sus residentes. En contraste, los inventores argentinos suelen optar por vías nacionales o regionales más restrictivas, lo que reduce la visibilidad de sus desarrollos en mercados clave como Estados Unidos, Europa, China o Brasil.

¿Por qué importa? La economía del conocimiento representa cada vez más una porción relevante de las exportaciones argentinas. Sectores como software, farmacéutica, agro-biotecnología y energías renovables dependen fuertemente de la protección efectiva de la propiedad intelectual. Sin el PCT, muchos proyectos quedan en etapa experimental o se venden prematuramente a multinacionales que sí pueden patentar en el exterior.

Un ejemplo claro se ve en el campo de la salud. Durante la pandemia, varios desarrollos locales de vacunas, test diagnósticos y tratamientos no pudieron escalar internacionalmente con la velocidad que hubieran tenido bajo el PCT. Lo mismo ocurre con innovaciones en agrotecnología, donde Argentina es potencia en investigación pero pierde competitividad al momento de comercializar patentes.

Desde el punto de vista de la inversión extranjera, la falta de adhesión al tratado envía una señal de inseguridad jurídica en materia de propiedad intelectual. Países que integran el PCT atraen más venture capital y partnerships tecnológicos porque ofrecen un camino más predecible para proteger activos intangibles.

Cancillería y el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI) han discutido la posibilidad de ingresar al PCT en varias oportunidades, pero hasta ahora no se concretó. Los argumentos en contra suelen girar alrededor de posibles presiones de industrias extranjeras y el temor a encarecer el acceso a medicamentos y tecnologías. Sin embargo, especialistas sostienen que estos riesgos pueden mitigarse con una implementación gradual y salvaguardas locales.

En números: según estimaciones de cámaras empresarias, la adhesión al PCT podría incrementar entre un 30% y 50% las solicitudes de patentes argentinas en el exterior en los primeros cinco años. Esto se traduciría en mayores regalías, exportaciones de conocimiento y generación de empleo calificado.

Para el lector argentino común, esto se traduce en menos innovación local que llega al mercado, menos startups que crecen y se quedan en el país, y una brecha tecnológica que se agranda respecto de naciones similares como Chile, Colombia o México, que sí son parte del tratado.

Lo que se espera en los próximos meses es que el debate vuelva al Congreso. Diversos bloques ya presentaron proyectos para avanzar en la adhesión, aunque con enfoques diferentes sobre cómo proteger intereses nacionales sensibles.

Mientras tanto, inventores y empresas argentinas siguen pagando el costo de la no adhesión: trámites duplicados, plazos más cortos y oportunidades que se pierden en un mundo donde la velocidad para patentar puede definir el éxito o el fracaso de una innovación.

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