¿Y si sale bien? La expectativa y las cábalas que rodean al Mundial de Clubes
Mientras la FIFA prepara el primer Mundial de Clubes ampliado, un vocero del evento se anima a desafiar el escepticismo generalizado con una pregunta simple pero potente: ¿y si todo sale bien? Entre expectativas, dudas y rituales supersticiosos, la previa del torneo genera más ruido que certezas.
Un vocero involucrado en la organización del flamante Mundial de Clubes de la FIFA sorprendió al plantear una pregunta que pocos se animan a hacer en voz alta: “¿Y si sale bien?”.
El comentario, que suena casi a herejía en un contexto de escepticismo generalizado, llegó durante una charla informal con periodistas y rápidamente se viralizó en redes. Lejos de los discursos institucionales cargados de optimismo obligatorio, el vocero admitió que hay “marea en contra” pero se permitió soñar con un torneo que funcione.
Para ubicarse: el nuevo formato del Mundial de Clubes, que se jugará en Estados Unidos en junio y julio de 2025, pasará de 7 a 32 equipos. Será la primera edición ampliada del certamen y ya genera debates acalorados. Críticos advierten que el calendario futbolístico está saturado, que los jugadores llegarán exhaustos y que el interés del público europeo —el que mueve los grandes números— podría ser bajo.
Sin embargo, el vocero planteó que las cábalas y los pronósticos negativos forman parte del folklore previo a cualquier megaevento. “Siempre hay quejas antes. Después, cuando arranca, la gente se prende”, sostuvo.
La frase “¿Y si sale bien?” se convirtió en trending topic en varias cuentas de fútbol argentino. Para muchos hinchas, especialmente los de Boca y River que sueñan con clasificar, representa una mezcla de esperanza y realismo porteño: esa mezcla de “no te ilusiones demasiado” con el “ojalá que sí”.
Desde Argentina el interés es doble. Por un lado, la chance de que dos o tres equipos nacionales participen. Por otro, el impacto económico y deportivo que podría tener un buen papel de un club local en un torneo que repartirá cientos de millones de dólares en premios.
El vocero, que pidió no ser identificado para hablar con mayor libertad, admitió que hay desafíos logísticos importantes: la temperatura en varias sedes estadounidenses durante el verano boreal, la cantidad de partidos en poco tiempo y la dificultad para vender el producto a un público que ya tiene la MLS, la Champions y la Copa América en la cabeza.
Aun así, insistió en que el escepticismo previo forma parte del juego. Recordó que antes del Mundial de Qatar 2022 también se hablaba de “el peor Mundial de la historia” y terminó siendo uno de los más vistos de todos los tiempos.
“Hay una marea en contra, es verdad. Pero también hay una expectativa enorme. Los jugadores quieren estar. Los clubes grandes ya están haciendo cuentas. ¿Y si sale bien?”, repitió casi como un mantra.
En Buenos Aires, donde el fútbol se vive con pasión y con superstición, la frase cayó como una cábala moderna. Ya hay quienes la repiten antes de los partidos de las Eliminatorias o cuando hablan de la chance de River o Boca de llegar al torneo.
Lo que se sabe hasta ahora es que la FIFA invertirá fuerte en marketing y que varios sponsors globales ya confirmaron su presencia. El éxito económico parece garantizado. El desafío pasa por lo deportivo y, sobre todo, por lo emocional: lograr que el mundo realmente se interese por un Mundial de Clubes que dura casi un mes.
Mientras tanto, en Palermo y en cualquier barrio porteño, la pregunta sigue flotando: ¿y si esta vez, contra todo pronóstico, sale bien?